Sevilla

Recién llegada de Hispalis, sin haber visto, afortunadamente a los cantores de los cojones, debo deciros que Sevilla es una ciudad preciosa, donde no hace nada de frío y que tiene un olor especial, de vez en cuando, a bosta de caballo. Y es que los pobres equinos transportan guiris y patrios dejando a su paso alfombrada la Gran Vía, digo, el Parque de María Luisa. La Giralda es una pasada, manteniéndose erguida por encima de la estupidez cristiana, que aunque la Catedral es fastuosa a mí me va más lo moruno (pinchos incluidos). 8 lerus, eso sí, con un porcentaje para los exorcistas, por subir al campanario adosao de una de las torres más bonitas que han visto estos miopes acais. Decidimos pasar de los 50 lerus que nos querían cobrar los cocheros por pasearnos y nos alquilamos unas bicis municipales mucho más económicas y más dinámicas, si desperdicios bostiles, y nos hicimos unas rutas estupendas a 40 grados a la sombra. No, no he adelgazado, maldita sea, pero tengo nos gemelos que ríase usté de los de la Jolie, y sí, hablo de sus vástagos, no así de sus piernas. Aconséjoles huyan de la parte guiri (y eso que nuestro hotel estaba allí. Barato, por cierto y kitch a más no poder) a la hora de comer. Guirilandia Achicharrada degustaba unas paellas que ríete tú de a Gripe A. Inmunizados quedaron, creemos. Se recomienda el barrio de Santa Cruz y un garito recién aperturizado donde venden aceites de oliva en todas sus acepciones y huyen de vírgenes, porque sí, vírgenes hay para dar y tomar, hasta 11.000, de cartón piedra, se entiende, no conozco yo la edad de desflore de las andaluzas. Y así todo el día, pá cá y pá pá llá, qué dura es la vida del turista, hete aquí que vimos a través de la cristalera de un restaurante repleto de tenedores de los que te da la guía Michelín, al mismísimo Pau Gasol. Henchida de emoción, obligué a Pepa, mi compañera de viaje, a esperar al mozo en la única mesa de un cutre bar lleno santos, con la intención de desmayarme ante él or something similar, pero un camarero del restaurante Tenedor, oliéndose la jugada, nos advirtió de que se acababa de pedir una copa (Pau, no él) y tardaría en salir, pero que, vaya, que por él como si sacábamos la cama Restform y la abríamos en medio de la calle.. Total, nos fuimos, que ya tenemos una edad para la mitomanía.

Y así transcurrieron los tres días de nuestra estancia en Betis, a las orillas del Guadalquivir, a la vera de la Plaza de España, curioso y bello pastiche, a la sombra (bueno, sombra…) de la Torre del Oro. Ciudad recomendable para ciclistas (búsquense la vida, no obstante entre el tranvía, los guiris, lo foráneos, los coches de caballos y los de caballos, pero de otra índole). Recomendable enclave para visitar… en invierno. ¡Ozú, qué caló!

This entry was posted on Monday, August 24th, 2009 at 4:49 pm and is filed under Uncategorized. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

4 Comments

  1. Jóse B says:

    Esta explicación de Sevilla, merece salir en una guia de turismo. No hay palabras…
    Jóse B.

    ... on July August 25th, 2009
  2. Jóse B says:

    Oye !!! el dia 12 en Zaragoza…. Genial… ¿Podemos ir? ¿No?

    ... on July August 28th, 2009
  3. bertus says:

    yo estuve este julio y tengo que estar en concordancia con sus impresiones. como ya había estado en la giralda y me niego a ser partícipe en modo alguna en la financiación de la iglesia católica no volví a subir. si vuelven, les recomiendo un restaurante ecléctico llamado “la ilustre víctima” que me recomendó una lozana panadera y les invito a encontrar las columnas romanas usando el mapa que te dan en la oficina de información turística.

    bertus

    ... on July September 2nd, 2009
  4. Norma says:

    Pero qué linda tiene usted su casa Madame, qué alegría más grande ;-)
    Besos, vuelvo pronto.

    ... on July September 7th, 2009

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