Hartita!!

Pues eso, que estoy hartita ya. Aparte de la boquita - víbora (mi madre tenía razón: un día te vas a morder la lengua y te vas a tragar tol veneno) que me está dando quebraderos de cabeza y dolores cuasi místicos (no voy a contar del experiencia del viernes porque no quiero que depositen las miasmas en su teclado) yo, que aposté por la tranquilidad hace meses, que ya tengo más o menos enfilado mi verano sin vacaciones pero con currele, que intento pasar desapercibida, lo juro y no significarme que decía mi abuela, madre de mi madre, sabia castellana vieja, mudejar de tomo y lomo… resulta (de) que me encuentro metida y sometida en unos berenjenales ajenos de paterno muy señor mío. Pues bien, como ya las gónadas echan humo con tanto tocamiento semejante a una violación, digo, en alto, claro y meridiano: ¿me pueden dejar en paz ya, coño? Que no salgo casi de mi casa, hombre, que estoy encantá de la vida con este encierro voluntario, que yo lo que quiero no es ser feliz, que no pido tanto, que lo que quiero es:

1. Que no me mientan.
2. Que no me chupen la sangre ni la energía.
3. Que si me quieres, dímelo y si no di que me vaya: no me tengas al relente que no soy cántaro de agua (¡ay, si me quieres, ay, dímelo!).
4. Que si alguien necesita de terapia y no tiene dinero, que me lo pida, que se lo dejo, pero que yo no soy psicóloga, que no.
5. Que no me den penita, que yo odio la penita… ¡que a mi la gente no me da pena!
6. Que no es no, y sí es sí. No no es sí y sí no es no.
7. Que pá mi que la sinceridad está sobrevalorada, pero que si quieren sinceridad, pues ea, en to la boca con la sinceridad (¡Ay, qué desagradable! Ya, no haberme pedido sinceridad, no te jode)

Mea culpa a todos los que pensaban que yo era una tía de puta madre: vale, no lo soy. No es no. Y sí es sí. Venga, que sí, que soy muy mala, pero ya no lo voy a ser más, lo juro, voy a ser tan buena que, consciente de mi maldad y falta de educación y de compresión hacia los males ajenos, me retiro, señores, que me retiro, oiga. ¡Ya está! Todos contentos.

Es que estoy muy hartita. Y esta vez va en serio.

(¿Y ahora cómo quito yo toda esta mierda del teclado?) :-)



Abra la boca

Llevo un mes de dentistas. Bueno, de dentista, que como es de barrio es una y trina. Bueno, la que está que trina soy yo. El caso es que una muela del juicio decidió rebelarse y emitir un veredicto hace cosa de dos meses. Traté de ignorarla, me agarré a alguna enmienda inexistente, me forré con Ibuprofenos, pero la sentencia fue clara: que te vayas al dentista. Y fui. Y cual ángel extreminador no va a dejarme nunca. Nunca. Cierto es que tengo la dentadura como la firma de un loco y los colmillos como vampira jubilada, pero esas caries que ella ve y yo no, esos tratamientos gingivales y periodontales y esas cosas tan bonitas que me dice la mujer me inquietan. Y, ojo, no me miente, que ella no es de Vitaldent, que ella es una y trina, tan toda ella repleta de curetas, mascarillas, jeringuillas, fresas, fresones de temporada que liman mis molares, premolares… Vamos, que creemos que para el 2027 el problema estará atajado.
Ella me trata como a una niña chica, que es lo que le he dicho que soy. Tarda cuarto de hora en anestesiarme y me habla todo el tiempo. ‘¿A que no duele’? ‘noff buehg sifff u pogo’ Y me tiene hora y media con la boca abierta, pero no de sorpresa y admiración, no, que es me llena la bucal de cosas para que yo no pueda defenderme, al menos, de manera oral. Eso sí: no tiene feas muelas por las paredes y la consulta no huele a formol. Ella es maja pero, aunque no quiera, me desasosiega. Todos los lunes de mi vida se los he regalado ya, de antemano. Todos son suyos. Así que ayer decidí ponerme en modo masoca y abandonarme. Y, oye, muy bien. Tanto me abandoné que hasta he accedido a ponerme fierros en la piñata de arriba, sí, por salud, porque el apiñamiento dental trae cosas horrorosas como caida de dientes y muerte súbita. Que sí. Y que si no te curetas las encías se te caerán los dientes y fenecerás súbitamente, también. Y no es caro. Es muy asequible porque lo pagas a plazos y ni te enteras. Y la anestesia no duele, que es un pellizquito sólo. Y morderte la lengua dormida mola. Es chachi. Listo para sentencia: soy suya, si, y de nadie más… Y me gusta… Y me gusta… Y me gusta…