All that Jazz (¿¿??)

El café Central es uno de los reductos del Jazz en Madrid. Un sitio carente de técnico de sonido, con unas grandes columnas que no te dejan ver a no ser que vivas allí desde las siete de la tarde (aprox). Unos camareros atentos,que te cuelan la cuenta de la mesa de al lado, siempre más copiosa, como te descuides. Unos encargados que no hacen excepciones, aunque entres en silla de ruedas (no haber tenido la polio, no te jode) y que dejan fuera a una persona aunque sea pariente cercana de los músicos y vaya a pagar los correspondientes 12 lerus. Un lugar entrañable, con unos precios muy populares (del Partido Popular, quiero decir), donde puedes cenar mientras gritas ‘pásame la sal’ sin que el personal de barra se inmute ni mande callar (mesa en primera fila. Ocho pre-adolescentes cenando con la tarjeta de crédito de papá expulsan humo a los músicos y cenan cual en Nochebuena, ajenas al espectáculo que dan ellas mismas y al otro, el de verdad). Un sitio encantador, donde la bellísima encargada duda de que seas un ente visible y te increpa en medio de una escalera cuando subes a mear, exigiendo que le narres dónde has estado durante el concierto ya que el baño es ’sólo para clientes’. Un garito acogedor en el que, te sientes donde te sientes, molestas a los camareros. Un bar que siempre está abarrotado de gente porque a los madrileños nos gusta, digo yo, que nos jodan nuestras idílicas vidas por eso de que no todo sea felicidad. O lo mismo es que ya me he vuelto loca del todo.

Firmado: varias personas damnificadas, todas ellas, mira tú, por tan insigne cuna de la música matritense.