Año nuevo… ¿vida nueva?
Empiezo el año incumpliendo la promesa de no aparecer por aquí antes del día 8. Como soy especialista en desdecirme (salvo en algunas cosas que tengo muy claritas), este hecho no me preocupa lo más mínimo.
Cenando en Nochevieja con Medio Rubia, en Denostada, me decía ella, con cierta pena, que se nos iba el 2008. A mí, basicamente, me la refanfinfla al sol, porque el tiempo es un invento humano, como los dioses, las fiestas de guardar y los bocatas de calamares. Cierto es que tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no caer en las mil quinientas supersticiones que hay alrededor de cualquier acto, y brindé y salté cual bonobo (sin pareja) y deseé salud y esas cosas que, obviamente, se pueden y deben desear cualquier día del año. Pero sobre todo deseé para mí misma que mi proceso de desmitificación de cosas míticas fuese para adelante. Veréis, me he propuesto huir definitivamente de todo dramatismo (que no de la dramaturgia, que es no ye lo mismo). Me he dado cuenta de que la amistad es necesaria, pero si yo soy amiga de Medio Rubia desde los dos años (verídico) es porque Paternos compraron un piso en el mismo portal donde ella vivía. Mi apellido empieza con la letra A, por ello fuí amiga de Alonso, Andrade, Abad… Y nunca me llevé, ni bien ni mal, con Zubizarreta o William. No hay nada místico, sí, quizá, curioso. Que Norma y yo nos conociéramos bloguísticamete, fue curioso pero no improbable, pues ambas teníamos un blog. Si partimos de una base lógica, el resto no puede ser etéreo. La amistad mola mucho, pero no le hagamos altares que no es para tanto, coño.
Cuando le pedimos cosas al Año Nuevo, nos las estamos pidiendo a nosotros mismos, o, y este caso me parece peor, a veces se las estamos pidiendo a los que nos rodean. Quiero que me quieran (cúrratelo), quiero salud (no fumes, coño), quiero trabajo (mueve el puto culo y búscalo), quiero dinero (roba un banco y apechuga con las consecuencias)…
El 2009 es el que es porque hace siglos se le puso en los ‘gregorios’ a una peña decir que así era la cosa, aunque les pesara a los jacobinos y demás intentos de reforma del mismo, pero un chino, por ejemplo, sigue otras consignas. Los buenos deseos están bien, claro, pero relax, amigos, que aquí no hay nada mágico, salvo que ya es un milagro que estemos vivos (y tampoco, que la medicina ha avanzado mogollón).
Resumen: el cambio de año es sólo eso (quiero que acabe ya este año… Bueno, las cosas no cambian por tirar un calendario a la basura, salvo que para nuestro pequeño cerebro humano, sugestionable a tope, afortunadamente, ese paso le sirva de algo), por favor, desdramatización (la vida es muy perra y hay que perderle un poco el respeto) y, sobre todo, y me lo aplico si se lo aplican: hay más ombligos en el mundo que el uno propio.
¡Feliz Año, majos!