Granjero busca yegua… y otros animales

Mi querida compañera de editorial me conminó el otro día a ver el programa ‘granjero busca esposa’ para hacernos unas risas en un fallida cena que había de acontecer hoy y que, finalmente, otro compañero, al que adoramos pero no conseguimos quedar con él pues tiene una vida muy ajetrada (sí, eres tú, amor) deshizo dejándonos sin las risas prometidas (como la tierra). Bien. Le supliqué a Guitarrista, incluso le ofrecí mi cuerpo, cosa que ya viene no funcionando, son ocho años, entiéndannos, que me dejara videar el reality, y el pobre mío al ver que no había partido de ninguna índole accedió… a regañadientes, todo hay que dejarlo escrito. La cosa es la siguiente: unos agricultores, ganaderos, vinicultores o vaya usted a saber, con la EGB a medio aprobar (y no porque se dediquen a tan arduas y necesarias tareas, que conste en acta, pues conozco a ingenieros cuya sustancia gris llenaría apenas un dedal de un hobbit) buscan mozas de la capital, no necesariamente Madrid. Cinco para cada uno, creo que era la historia. Los homínidos en cuestión, si no fuera porque sacan su faz en la pantalla, no serían tenidos en cuenta ni aunque sucediera una hecatombe nuclear y quedasen sólo ellos como perpetuadores de la especie, per hete aquí que por una vuelta del destino y una cuestión crematística, supongo, se tornan Roberts Redfords a los ojos de las féminas que compiten entre ellas por el amor del granjero. Ellos, creciditos, intentan emular a Apolo o al Conde Lecquio, acariciando sus cabelleras y soltando torpes ‘Ay, qué guapa’ ante los ojos embelesaditos de las yeguas, digo, concursantas. Al final se quedan con dos cada uno y creo que se las llevan a la granja para probar su capacidad de trabajo. Doy fe de que en ningún momento les miraron la dentadura, pero de haber sido así, ellas, en un delirio machista absolutamente denigrante, hubiéranse dejado raptar cual Sabinas (no confundir con Joaquín). Ea, para vomitar y no cesar de hacerlo.

Por otro lado, la semana pasada acudí a una ‘entrevista de trabajo’ para currar desde casa editando unas revistas muy entretenidas. La vida achucha y Madame necesita comer (y beber Mahou). Al finalizar la misma con cierto éxito, pues obtuve los mini ingresos que me ofrecieron, fuí a despedirme de mi ‘nuevo otro jefe’ (eso de que los autónomos somos nuestros propios jefes es mentira podrida y cochinona) y ví, con cierto horror, que donde habían de estar sus ojos… dos cuencas negras se abrían helándome la sangre… Perdón, me creí Poe de repente… Donde habían de estar sus ojos, dos rodajas de pepino comenzaban ya a resbalar cuasi por sus mejillas. Sí, de pepino. El mercado laboral es asín y a mí es que me pasan estas cosas. Menos mal que nos veremos poco porque a un ser así es complicado tomárselo en serio por mucho que firme tu mini nómina. ¡Ay, qué cruz!



Pero… ¿qué os pasa?

Condenadme al ostracismo cibernético, ofreced dádivas a los dioses para que me vaya como el ojete, corred vosotros mismos a ayudar al pequeño Juan José, de, por ejemplo, Quito, o reenviaos entre vosotros los mails necesarios para salvarle, recorred los cines en busca de jeringuillas repletitas de SIDA y retiradlas del mercado, haceos análisis para ver si habéis pillado un cancer de mama por utilizar antitranspirantes, rogadle al dueño de Hotmail que no os lo cierre, buscad cocodrilos en las alcantarillas… pero… CESAD DE MANDARME GILIPOLLECES AL CORREO… Y si no podéis evitarlo, porque sois unas personas majas y solidarias y veláis por mi próximo infarto de miocardio, fruto de una rabieta como esta, al menos… PONEDME EN COPIA OCULTA… Y no reenviéis los chorizos de direcciones que reenviáis, que sólo sirven para que las empresas llenen de mierda mi ordenador y se encauten de direcciones de correo con el único objetivo de que algún vetusto pique o que algún anormal se alargue el pene o muera atiborrado de Viagra.

A los que se den por aludidos. Al resto… Buenas tardes.



No hago planes con tanta antelación

Que decía Humpfrey en la revista (re-vista, de vista cienes de veces) ‘Casablanca’. Yo me levanto por la mañana… bueno… sí, es mañana aún, ¿no?… A ver, se considera mañana hasta la una, ¿no? Luego, ya es tarde y a partir de las ocho, es noche… Bueno… Me levanto y punto. Enciendo el ordenata, respiro profundo y veo spams a troche y moche. Bien, no hay marrones de curro. Mal, no hay marrones de curro. Bueno, pues esta tarde voy a donde tenía que ir (es un ejemplo) y a ver si preparo unos contramuslos de pollo para comer (otro ejemplo, esta vez culinario). Veamos ahora cómo este idílico día puede verse no truncado mas sí trastocado aunque sea a nivel de ( a nivel de, en este caso, está mal usado, que lo sepáis, pero como lo sé lo uso, aunque sepa que está mal) cabeza-pensamiento (incluso, a veces, obra y omisión). Hoy me han llamado por teléfono y me han pedido el divorcio. Después de once años de situación irregular no es que me haya sorprendido, pero, coño, así, de repente, pues como que no me lo esperaba hoy, martes, ni te cases ni te embarques, aunque tiene su gracia la cosa precisamente por ello. Lo he dado, claro, amablemente, y ahora tengo una cosa menos, mira tú. Luego me han ofrecido un curro, vía messenger, bastante apetecible y compaginable con esta vida de sustos, que vamos a ver dónde desemboca (el curro y la vida: ambos)… Mañana tengo un plan, pero si se me trastoca no me verán llorando por la esquinas ni mucho menos, porque yo hago los planes con la boca muy pequeña. Cada vez más pequeña… cada vez más… cada vez… Cállome.



Año nuevo… ¿vida nueva?

Empiezo el año incumpliendo la promesa de no aparecer por aquí antes del día 8. Como soy especialista en desdecirme (salvo en algunas cosas que tengo muy claritas), este hecho no me preocupa lo más mínimo.
Cenando en Nochevieja con Medio Rubia, en Denostada, me decía ella, con cierta pena, que se nos iba el 2008. A mí, basicamente, me la refanfinfla al sol, porque el tiempo es un invento humano, como los dioses, las fiestas de guardar y los bocatas de calamares. Cierto es que tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no caer en las mil quinientas supersticiones que hay alrededor de cualquier acto, y brindé y salté cual bonobo (sin pareja) y deseé salud y esas cosas que, obviamente, se pueden y deben desear cualquier día del año. Pero sobre todo deseé para mí misma que mi proceso de desmitificación de cosas míticas fuese para adelante. Veréis, me he propuesto huir definitivamente de todo dramatismo (que no de la dramaturgia, que es no ye lo mismo). Me he dado cuenta de que la amistad es necesaria, pero si yo soy amiga de Medio Rubia desde los dos años (verídico) es porque Paternos compraron un piso en el mismo portal donde ella vivía. Mi apellido empieza con la letra A, por ello fuí amiga de Alonso, Andrade, Abad… Y nunca me llevé, ni bien ni mal,  con Zubizarreta o William. No hay nada místico, sí, quizá, curioso. Que Norma y yo nos conociéramos bloguísticamete, fue curioso pero no improbable, pues ambas teníamos un blog. Si partimos de una base lógica, el resto no puede ser etéreo. La amistad mola mucho, pero no le hagamos altares que no es para tanto, coño.
Cuando le pedimos cosas al Año Nuevo, nos las estamos pidiendo a nosotros mismos, o, y este caso me parece peor, a veces se las estamos pidiendo a los que nos rodean. Quiero que me quieran (cúrratelo), quiero salud (no fumes, coño), quiero trabajo (mueve el puto culo y búscalo), quiero dinero (roba un banco y apechuga con las consecuencias)…
El 2009 es el que es porque hace siglos se le puso en los ‘gregorios’ a una peña decir que así era la cosa, aunque les pesara a los jacobinos y demás intentos de reforma del mismo, pero un chino, por ejemplo, sigue otras consignas. Los buenos deseos están bien, claro, pero relax, amigos, que aquí no hay nada mágico, salvo que ya es un milagro que estemos vivos (y tampoco, que la medicina ha avanzado mogollón).
Resumen: el cambio de año es sólo eso (quiero que acabe ya este año… Bueno, las cosas no cambian por tirar un calendario a la basura, salvo que para nuestro pequeño cerebro humano, sugestionable a tope, afortunadamente, ese paso le sirva de algo), por favor, desdramatización (la vida es muy perra y hay que perderle un poco el respeto) y, sobre todo, y me lo aplico si se lo aplican: hay más ombligos en el mundo que el uno propio.
¡Feliz Año, majos!