Aquí estamos

Buenas. Aparezco antes del día 8 para reafirmarme: urticaria tengo. Y el caso es que sé que ye Navidad porque los amigos vuelven, a casa, vuelven, que los esperamos, pero poco más. Y son tan majismos, que vienen, literalmente, a mi casa, donde no puedo ofrecerles ni un polvorón pues no he adquirido produZtos navideños porque no me ha salido de las gónadas, así que la cosa se queda fuera de las cuatro paredes de Denostada. Es curioso, pero estas Entrañables veo a la gente como derrengá, durmiéndose por las esquinas, con sus gorros de reno, eso sí, y sus ninios correteando cual zombies en Cortilandia. Y, mientras, la vida ahí, dando por el ojal. Hasta me parece que hay menos anuncios de turrones, salvo el catalán de los niños yonkies que siguen queriendo turrón. Por eso, el otro día me dije (yo me digo mucho. Aburrida me tengo): ‘hija mía (yo me autodenomino hija de mí misma y mi circunstancia), pon algo navideño, que viene brodel a cenar y él tiene otra visión de la vida como más optimista, o como me la pela al sol, que es una forma inteligente de vida, como ET’, y monté un Belén (luego monté otro, pero fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí) con Woody Allen cual Saint Joseph, una muñequina enana faciendo las veces de virgencita que me quede como estoy, un cerdito monísimo emulando al niño que está en la cuna (cuna no encontré, la verdad) y dos bolas navideñas que mangamos en un garito hace dos semanas por aquello de sentirnos malotes y tal… Y por el Cariñena. Y ví que era bueno, o al menos, no era malo, y ahí sigue, aunque la gente no pilla la broma, pero es que, en realidad, no parece ni Belén ni leches, que ni pá reirme de la cosa estoy este año. Pero, sin dramatismos, ¿eh? Estoy viendo pelis muy malas, que son las que entiendo realmente, y duermo cual marmota narcotizada. Cocino para mí y para Guitarrista y, muy de vez en cuando, abandono Denostada para cosas muy, muy, pero que muy concretas… como quedar mañana con Davidik y Ani. Por cierto: ¿podemos evitar el centro del Foro y cambiar el sitio de la quedada? Es que se me ha acabado el Urbason. Gracias.



Cansina y cansada

Porque es compatible. Estoy cansina, bueno, lo soy, porque lo soy y porque estoy cansada. Muy cansada. De todo el curro de estos últimos meses, de llevar sin vacaciones decentes ocho años (digo decentes. Los putos tres días de Lanzarote que la gente me echa en cara cuando me quejo fueron hace tres o cuatro años, y fueron tres días, coño, ya), de la gente que te dice que te quiere y o te ahoga o no tiene las gónadas de decirte que se había equivocado y que no sólo no te quiere, sino que no te quiere ni ver. De los cobardes, de los valientes, de los amiguísismos, de los patéticos amagos de enemigos… Y paro, que esto empieza a parecer un anuncio de la chispa de la vida. Que es que soy muy cansina. Y encima llegan las entrañables a joder un poquito más la marrana. Menos mal que mis inteligentes Paternos han vuelto a entender que cada uno en su casa y el niño Jesús en el pesebre. Así que me rebozaré, de nuevo, en mi clocleta de ‘mala hostia - métete el turrón por donde te vaya cupiendo’ y renaceré, o no, allá por el 7 de enero u el 8, que tengo un concierto que co-protagonizo. Yo voy avisando de que no me manden espíritus de navidades pasadas, presentes o futuras… ¡que estoy muy loca y muerdo! Ea, pásenlo bien, señores.



¡Tonta, que eres tonta!

Me siento tonta. No como una tonta, no: tonta, yo, indivisiblemente tonta, solitariamente falta de reflejos. Tonta, que es que soy tonta. El otro día fuí a comprarme un sujetador… sujetador, no demoledor… Bien, pues resulta que sí: utilizo tallas demoledoras. Y la sita de la mercería lo gritó al viento, después de tocarme las lolas y adivinarme, experta ella, la talla en un microsegundo. Me ‘encerré’ en un probador con la realidad: los anticonceptivos te convierten en Sofía Loren, pero en fea. Un espejo que te hace más gorda, sí, lo juro, mis demoledores, mis lolas, yo… ¡y la dependienta! que no me dejó ni un segundo de intimidad. Cuando se unió la otra dependienta empecé a plantearme la idea de plantarles y plantearles un trío lésbico, pero me corté, porque soy tonta. Después de soplarme una pasta por una coraza digna de El Cid, abandoné la mercería especializada en lolas gigantescas e inhumanas (así me sentí) con la misma cara con la que abandono a mi ginecólogo hasta el año siguiente. Que soy tonta, coño.
No contenta con ello, llaman hoy a la puerta y abro a un tipo de Repsol Butano que dice que no hemos pasado la revisión de los cinco años y me enseña un carnet y me dice que vamos a morir todos en medio de horribles dolores (¡mentira: si estalla la casa, ni nos enteramos y si morimos a causa del gas, ni nos coscamos, oiga!) pero, escúchenme: una visión apocalíptica es una visión apocalíptica, razonada o no. Total: te cambio la goma (caducada, ya nos va valiendo), te paso una cosa como de Carlos Jesús (fiú, fiú), qué le pasa a la cocina, ese calentador era de Juanito Valderrama, ¿verdad?… Venga, todo bien: 57 lerus y hasta dentro de cinco años. Adiós, gracias por salvarnos la vida. Pero me meto en la Interné y empiezo a ver fraude, fraude, tonta, que eres tonta… Llamo a Repsol y me dicen que no conocen esa empresa. Llamo a la empresa que me ordena Repsol y me dicen, no muy convencidos, que lo mismo me han timado y que me persone en sus locales para ver el certificado. ‘Pero, ¿es un fraude?’… ‘Hombre, parece que no, pero es que ustedes abren al primero que pasa’, me dice una tipa. ‘Soy tonta, gracias por salvarme la vida, sita. Me paso la semana que viene para que me insulte usté en directo’ Busco a la posible empresa fraudulenta y no es tal, sólo que llama a las puertas y te ‘ofrece’ sus servicios legales a cascoporro y traición. Además, resulta que Repsol ha sido multada por favoritismos y por ocultar información a todas las empresas fuera de su contrata. O sea, que Repsol me quería cobrar 60 por la revisión, sin llamar ni ná y al final sólo me han timado 57 lerus, otras personas legales ellas, pero con mentiras, engaños y picaresca. Tonta, que es que soy tonta.
La feria de artesanía, bien, gracias. Con el dinero que saqué me he comprado un demoledor y he pagado una revisión del Butano. Me ha salido bien la cosa… a pesar de que soy tonta.



Cuando no te tengo

Si estás ahí, no te valoro mucho. Entiéndeme: te han creado para darme pequeños momentos de placer y cuento con que, a pesar del tiempo que llevamos juntos, vas a seguir respondiéndome como siempre. Te utilizo, pues, y me olvido de tí hasta la siguiente demanda. Un día no me respondes y me vuelvo loca. Pienso en sustituirte, pero son tantos años, que prefiero poner otro parche en nuestra relación, aunque me cueste. Tu no dices nada: frío, que eres un frío. Y ya todo es frío y desasosiego. Arreglémonos, te digo. Frío. Venga, no vamos a tirar esto por la borda por un pequeño desaguisado. Y nos arreglamos, aunque me cueste días de gélida estancia a tu lado. Vuelves a ser tú y la primera vez vuelve a ser como la primera. Y me empapo a gusto. Cálidos y húmedos abrazos me envuelven. Pero, cómo somos los humanos, se me vuelve a olvidar la tercera vez, la cuarta… Hasta que dejas de responderme, hasta que tengo que añorarte a la fuerza, hasta que vuelve el frío, que eres un frío. Sí, se me ha vuelto a estropear el calentador de agua…



Un broche no es un derroche

Madame y Petite Esther se han embarcado en la aventura empresarial más ruinosa de su vida: un puestecillo de broches handmade en un mercadillo navideño de artesanía. La idea fue del Hada, la que arrastra los pies en la blogosfera, que hace unas cosas con fimo que te quedas a colores. Nosotras hacemos lo que podemos.
Ayer desembarcamos con nuestros cachibaches en el mercado a eso de las doce. La idea era montar y ya. Los cojones treinta y tres. Hada tenía asuntos que atender y nos quedamos al mando de nuestro mini puesto, el suyo y el de Sulay, una cubana que hace unas cosas impresionantes. Somos cinco puestos, idem (puestos, o sea idem de idem) en círculo. A las dos salimos a comer mientras Sulay ponía sus precios. Nos metimos en una tasca regentada por chinas. Nos comimos una cosa parecida a una tortilla y volvimos, entre la leve nieve que caía, al puesto. Como este fin de semana hemos pernoctado en la rural casa de paternos, ya veníamos con cierto moquillo susceptible de convertirse en trancazo y ayer, entre la calefacción del centro comercial y el hilo musical, la que os escribe ha desarrollado un constipado de aupa Atlheti. Oé.
La cosa es que hay que ir cuidando del puesto de los compañeros. Hubo un momento en que nadie se encontraba en su puesto (en sus dos acepciones) y Petite y yo parecíamos vigilantes juradas o sea miembras de seguridad. El centro estaba desierto, el sol besaba tu piel, tarirotariroro, para ti María Isabel. Total, que salvo un chico guapísimo que nos compró un broche, estuvimos siete horas charlando con los juretas, los artesanos, las paredes, los extintores, las salidas de emergencia… Hasta que llegó el Hada y nos largamos a cenar algo. El jueves retornaremos, y el viernes, y el sábado… Y la semana que viene. Mejor vendiendo que delinquiendo…