November 20, 2008 - Posted by Madame M- 7 Comments
Estimadas féminas, ¿os ha acontecido alguna vez que, un día cualquiera, habéis ligado sin pretenderlo? No, no os voy a contar que me ha pasado porque hace ocho años que no me pasa, habida cuenta de mi falta de hermosura, mi compromiso con un sólo hombre y mi ausencia de infidelidad. Ligáis, estábamos ahí, y hete aquí que no os habíais depilado porque zufrir por zufrir en pleno enero, como que no… En el momento del primer achuchón se os olvida, pero al llegar al hogar tuyo-de él- de un colega-¿un hotel?, os dais cuenta del desaguisado. Hablo de piernas, ingles, axilas y demás partes susceptibles de poseer el bello vello, que, ya sabéis, son más de las que anuncian en las clínicas de estética, esas que conmigo se forran y tal. Bien… ¿algún hombre os ha arrojado de su lecho por este motivo? Si la respuesta es sí, espero que ese homínido esté muy lejos de vuestras peludas vidas, si la respuesta es no… ¿Por qué seguimos permitiendo que algunos, digo algunos, hombres nos impongan (conozco casos) que nuestros pubis (y sí, me refiero a esa parte en concreto) estén como el culito de un niño? Y aquí quería yo llegar: ¿a quién pretenden fornicarse, a una mujer o una niña? Exagero, puede que lo haga, pero me vayan reflexionando sobre ello ( o no, hagan lo que les salga del lado derecho del bazo). Yo proclamo (que me encanta proclamar): si a nos no nos importa que sus axilas parezcan el bosque de Tallac, y no digo que convirtamos el rito amoroso en una expedición al Congo, hagámosles ver que aonde hay pelo hay alegría. Que sí, que es cómodo y queda bien, pero, coño, nunca mejor dicho: duele, escuece, cuesta pasta y, en ocasiones veo pelos, produce, a veces, infecciones muy molestas. Pero no más molestas que la sensación de que siguen tomándonos el pelo. Próxima entrega: no sin mi bótox.
November 13, 2008 - Posted by Madame M- 9 Comments
Tengo una colega, escritora, muy buena (escritora) ella, que me tilda de vez en cuando de basicota, y dice que lo hago a posta. Lo de ser basicota, digo, pero yo creo que no lo hago a posta, en serio, es que soy basicota porque el mundo me hizo así y, tal vez, porque las vanguardias nunca me trataron con amor, ni qué decir de que nadie me ha querido nunca oir, por ello fue lo abrirme un blog. El caso es que ayer me invitaron a ver una obra de Rodrigo García y I said: no, no, no (cántese cual Amy). ¿Por qué hice eso? Pues porque hace años me prometí, (zanahoria en alto incluída) no volver a ver ninguna obra de tan insigne autor performanceiro (lo pongo en gallego por lo de que el tipo es argentino). La susodicha se llamaba ‘voy a comprarme una pala en el Ikea para cavar mi propia tumba’, y al final de la obra yo sólo quería encontrar la pala para darle en tol cielo la bucal. Y es que, dada mi basicotez, o no entendí nada o entendí todo: morro tiene el colega. A mi, como al común de los mortales, no me gusta que me insulten. Si alguien piensa que ha de explicarme el aberrante consumismo con la figura de un tipo semi desnudo embadurnándose de hamburguesa durante diez minutos de reloj, yo pienso, ojo, yo, que me está llamando tonta. Si me quejo por ello, alguien va a decirme que me opongo a las vanguardias porque es una pose.Vale. Pero, ¿por qué petardeó un pollo al final de la obra? Si me picaron los ojos durante semanas, ¿he de adoptar la otra pose, la de me pican los oculares en aras del arte ergo ‘que me piquen’? ¿Qué pose adoptar? ¿la postmoderna o la botijil? ¿Si proclamo que yo, ojo, yo no tengo chakras, lo juro, que me los he buscado, he de pedir inmediatamente perdón por ello? ¿Si no me gusta Rodrigo García, no capto su humor ni sus performances… he de ser una basicota ipso facto y por gónadas? ¡¡Necesito pertenecer a un grupo!! Me encuentro taaaaaaaaaaaan sola e incomprendida en mi mismidad incomprensible… ¿Seré como Rodrigo?
November 4, 2008 - Posted by Madame M- 9 Comments
Ahora está de moda lo ecológico. Yo compraba naranjas el año pasado, traidas de Valencia, recogidas por un paisano valenciano y de rico sabor. No sé si eran ecológicas, pero sé que las cogía un paisano, porque yo me creo todo lo que veo en Internet y en la web salía un paisano recogiendo naranjas. Punto. Y no eran caras, aunque la tierra que las vió nacer fuera abonada con pesticidas de esos. Que digo yo que si hemos de mutar por culpa de ellos, mejor que vayamos acostumbrando al cuerpo, ¿no? Es como lo de los transgénicos: ¿qué pasa? Pues a lo mejor debemos atracarnos de transgénicos para que cuando nos salga un tercer brazo no nos llevemos el susto. Yo fumo, así que me estoy jodiendo viva… Un poquino más tampoco me va a matar antes, digo yo.
Biocultura está cerca de mi casa, a cinco minutejos. Para entrar a comprar hay que pagar 6 lerus de vellón, como el los after hours a los que nunca van los ecológicos. Yo tampoco, no me gusta pagar por entrar a un sitio donde voy a volver a pagar. Sin embargo, ecológica de boquilla que soy, y eso que no dispongo de coche, que es lo que mas contamina (¡hippie, cómprate una mula!) me conseguí una entrada descuento (me la consiguió petite Esther, con una sola p, que me llevé una petit bronca de mi francófila amiga. Yo es que soy más de la lengua de Bush, puaj) y por tres lerus más el leru del guardarropa… ¿Qué por qué deje mi abrigo en el guardarropa? ¡¡Porque la calefacción debía estar a cincuenta y cinco grados centígrados, amigos!! Sí, muy ecológico. ¿Protestó algún amante de la heliofrástica de los cristales rosas? No, claro, si se estaba de puta madre en bikini… Salvando este detalle (que no vamos a salvar)… Pues eso, salvando que no vamos a salvar nada, procedemos a pasear por los pasillos ecológicos.
Que tu bebé sea ecológico te puede salir por un riñón (mira qué bien, donas tu riñón y, además de ecológico, le haces un favor a una persona en diálisis), que tus guisos cojan el gustillo del hierro (puaj) por otro, que tus tomates sepan a tomates, por un ojo y ve arrancándote otro, que llegamos a las leches de soja (sí, eso que sabe a cemento armado pero que es sanísimo y a lo que hay que añadir sabores para que alguien consiga tragarlo)… Vamos, que para ser ecológico hay que ser rico. Cuando te das cueeeeeeeeen de que no hay nada que comprar (tristes degustaciones para los que no tenemos cara de que vayamos a comprar mucho. Séase, hay que vestir bien pá que te ofrezcan un puto vino ecológico… Y yo que iba de hippie pensando que… snif) vas a la planta de regalos ecológicos (¿ein?), sí, ecológicos, no me interrumpas, y descubres que más de lo mismo: el mismo incienso del rastro, el mismo, el mismo, cincuenta céntimos más caro, los zapatos artesanos, más incómodos que si fuesen de piedra (ecológica, eso sí) a 120 lerus y los mismos trapos de siempre, resubidos a la chepa. Total: que o te haces una carta astral desde el punto de vista de los monjes tibetanos pasados por la holografía téntrica del Rey Sol (sí, Luisito) o te vas a tomar birras fuera del recinto. Lo hicimos…Lo delas birras, digo, que es que somos básicos de cojones, con la espiritualidad en el duodeno y, sobre todo, pobres. ¡No vuelvo más nunca al AVE!