Querido consumidor

La culpa de que el Planeta se esté yendo a tomar por el culo la tenemos los pequeños (y no es cariñoso) consumidores. Los pequeños consumidores, llamémosles/nos, y esta vez sí cariñosamente, peconsu, derrochamos agua a mansalva porque nos lavamos los dientes con el grifo abierto. Los peconsu hemos de acudir al pequeño comercio, no a los macro, para evitar que se vaya a la mierda. Miles de pequeños puestos de trabajo se están yendo al garete por culpa del peconsu, que es un cabronazo de cuidado. El peconsu es un pequeño depredador que tira de gas y luz para hacerse sus grandes comilonas, para calentar los biberones de sus pequeños en el micro (pequeño) ondas, otro gran depredador cancerígeno. El peconsu ha de comprarse un coche ecologicó (con acento en la ó, de odioso de depredador) para tirar sus electrodomésticos en los numerosísimos puntos limpios de su ciudad, sucia y marrana, por culpa del consumismo feroz del peconsu. Con el agua que le sobra de la sopa de verduras ha de regar la triste planta de su piso de cuarenta metros cuadrados y con la botella de refresco se monta una cadena del water de lo más ecologicá. Recicla el aceite que le sobra (recalentado mil veces) o, si es aún más ecologicó, se hace unos jabones que suplen al Fairy en la tarea de arrancar las manchasunasoluciónquiero. El peconsu es el culpable del calentamiento global y, además, el muy cerdo suda en el metro, no porque la calefacción marque 56 grados centígrados, sino porque, como intenta ser ecologicó, no se ducha, el muy marranón. El peconsu ha de ser el único que se preocupe por la salud de su planeta. Con los cinco euros que ahorra a fín de mes se apunta a una cooperativa de comercio justo ecologicá que le trae naranjas y verduras a casa…en camión, claro. Pero es un camión ecologicó. Al peconsu le llegan mails con caras de etarras para que las memorice y si, por casualidad, los ve por la calle, los siga disimuladamente y mientras contamina el ambiente con su teléfono móvil, haga una llamada a la Benemérita, mientras no pierde de vista al malechor. Y, aún así, sigue siendo el responsable absoluto de todas sus desgracias y de las del Planeta. Al peconsu le cierran las piscinas municipales ya que, por su culpa, no llueve. Al peconsu le cierran las bibliotecas municipales, no sea que el peconsu lea algo más que el Ecologist, revista alarmista y procuradora de enormes pesadillas culpabilitorias, y empiece a darse cuenta de que: por mucho que recicle, fabrique jabones con olor a Marsella (que Marsella huele y tal), ahorre hasta el agua de colonia, se pegue paseos a los numerosísimos puntos limpios de su ciudad y folle bajito, por eso de la contaminación acústica, va a seguir siendo el único culpable de la horrorosa situación en la que vivimos. Porque, queridos peconsus del mundo, da igual que el metro de Madrid informa tenga una de las calefacciones más a todo trapo del Planeta, que los coches ecologicós sean el timo del siglo, que las grandes fábricas y vertederos se pasen las normas ecologicás por el forro de los cojones, que pillen a terroristas sólo cuando les conviene, que en Navidad se gaste luz en las calles a tutiplén, que se hagan grandes cenas para obtener fondos de ayuda para los países a los que se les compra y vende armas sin pudor… Da igual. La culpa sigue siendo del peconsu. Pues, nada: sucidémonos en masa (con pólvora y veneno, no, que contamina y no es ecologicó) y hagamos que el sistema que tanto nos culpa y sus acólitos, los que fabrican las cositas con las que contaminamos, se vaya a la mierda. Muerto el peconsu, se acabó la rabia. Porque sí, es para sentir rabia, joder.