Fiesta, qué fantástica…
Ader me fuí de diesta. Perdón. Ayer me fuí de fiesta. Mariscada en la oficina, que semos asín. Fuera ordenadores, impresoras, faxes, bienvenidas tortillas de patata y gambaaaas. La Meri (no confundir con laMari) y yo nos pimplamos una botella de Diamante (es para siempre. Se acaba rápido) y nos hicimos unos vídeos musicales que alguien amenaza con colgar en le Youtube. Herr, Lunnio, Andrés, Tomás, la propia Mery, toa enajenada por el blanco, y la menda nos jugamos el puesto de trabajo (unos más que otros), aunque la sangre no llegó al río: antes de las nueve y ya solos en la oficina, recogimos los desperfectos más visibles (probablemente haya gambas debajo de la impresora. Alguien las encontrará en un futuro, fosilizadas, testigos mudos de antiguas fiestas: ¿así trabajaban en el 2007?). Menos mal que las dueñas y señoras de la empresa nos regalan bolsas solidarias en vez de cestas típicas. Más tarde: cena con el Hada y Lostnilwen y una voz que sale directamente del hígado: no ingieras más, no ingieras más… Y, sobre todo, por tu madre, cállate.
No, no me rodeo de gente convencional. Y a las pruebas me repito (y no me hagas pasar a la c): el miércoles nos juntamos la creme de la creme en la minifiesta (y van dos) de Danza la Panza. Las marus y las chonis se quedaron en casa. Miedo escénico se llama. Total, que acabamos coreografiando las que más molamos: Medio Rubia, Ana, Leticia, María José, que resulta que sí habla, menda y Rosa, que no se había enterado de que había fiesta pero enseguida cambió el chip. Y luego, de cañas. Y, claro, había de pasar: que si la Navidad apesta, que si Benedicto es feo, que hay que repetirlo. Y es que ese cartel invisible que llevamos todos en la frente, ese que hace que, de primeras o segundas nos caigamos bien o mal, no se cae por mucha Navidad que aceche. Y hasta en un centro cultural perdido de la mano de Deu, ese bicho, puedes encontrar algo más que Odaliscas con ganas de chupar espejo y dar manotazos a diestro y siniestro. ¡Qué bueno es que se nos vea el barrio!
Lostnilwen Says:
Ayer la cena fue de lo más agradable y la conversación de lo más constructiva, así que gracias. Y sí, supongo que cada uno tiene cara de lo que es, lo que pasa es que las apariencias, a menudo, nos engañan. Mire usted que se pensaba que servidora la odiaba cuando yo sólo tenía por usted admiración y respeto. Ahora las cosas han cambiado, no es que no la respete, es que ahora hablamos de choni a choni, como dos maris perdidas en un mar de birra. Que lo pase usted bien en sus cenas y convites varios.
A corderetas con mi alma Says:
Pues yo recién llego de la comida de Navidad con mis maestras. Ni con el colon gritando puedo dejar de decir gilipolleces. Que si cómo se come un plátano (delante del equipo directivo), que si Carlos ven pa’cá que nos vamos al baño, que si David conmigo no te hagas el tímido… ¡Menos mal que sólo hay dos tíos en todo el colegio!Y sin beber, así, a pelo. Si es que hay gente que no tiene vergüenza ni en navidad… Espero no arrepentirme mucho cuando vuelva… ¿Odaliscas de farra? Tengo una mente totalmente degenerada.