Danza la panza again
Medio Rubia y yo, osadas donde las haya, hemos retomado las clases de danza en un Centro Cultural. En realidad es un colegio remozado, tiene pizarras y en vez de pupitres un profesor de aerobic de no te menees, pero ya es demasiado tarde: nos tenemos a la Choni and friends y son otros los que disfrutan del musculoso hombre de color (negro, es negro). En la clase somos tres mil seiscientas alumnas de distinto pelaje: véase, marujas de “me voy corriendo que tengo que prepararle le cena a mi marido”, dos odaliscas vestidas de odaliscas y conocedoras de los misterios de la danza oriental y las pulseras de Tous (falsas, of course), y varias nuevas, entre las que nos hallamos. La profa, cuyo nombre ignoro, lleva un top de lentejuelas fucsia, a juego con pañuelo de lentejuelas (fucsia, por ello es a juego) y zapatillas de lentejuelas…Adivinen… Sí, fucsias. Habla rápido y le molestamos profundamente: todas , menos las odaliscas, que bailan estupendamente (fucsias). Mira el reloj imaginario y al no verlo pregunta la hora cada cinco minutos. Le molestamos profundamente. Quiere que nos vayamos todas a tomar por culo a otro grupo más inexperto en la materia, excepto las odaliscas fucsias, que ríen y charlan con ella. No explica nada y practica pasos a una velocidad vertiginosa y fucsia mientras nos exige no poner cara de “no me entero, doña”. Luego pasa lista, al final, no sé para qué, pues nadie querría colarse en su clase. Me gusta. Va a dar para muchos post.