Otras fiestas son posibles
Comentábamos Ani y yo ayer tarde (fuimos a visitar a una amiga en apuros) que andamos de sequía bloguera. Bien es cierto. Por mi parte prometo enmendarme. Aclarado ello.
Este fín de semana no he hecho otra cosa que patear las muy mermadas fiestas del PCE, y digo mermadas por no decir acabadas, ya que han cerrado varios espacios y la programación y el ambiente han dejado batante que desear. En su 30 Aniversario han patinado a lo bestia. El viernes intentaron atraer a la gente joven, esa que se suele colar y que, como no, intentolo un año más. Davidik, que vino con nos, y el resto estuvimos toda la noche intentando distinguir a los Red de los Shark de los Nazis de Doña Rogelia. Un colega me comentó a altas horas de la noche que la cosa es muy sencilla: si llevan los cordones de las botas rojos son “de los nuestros” (vamos, que salvas el culo si te sabes la Internacional, supongo) y si los cordones son negros de nada te sirve cantar el Cara al Sol, que no cuela: la hostia te la llevas sí o sí.
El sábado actuaban Paco Frutos, Lloviznando Piedras (¿ein?) y unos cubanos revolucionarios, mi amol, que salían en la tele bailando con la hermana de Penélope Cruz. Estampida generalizada hacia otros lugares con música igual de revolucionaria: los Fresones Rebeldes (troskistas ellos), los que repiten “abusadora” treinta y ocho veces (marxistas_leninistas) y El Canto del Loco (que, creo, son simpatizantes de Mao)…Vaya, lo de siempre. Mejillones en Galicia, panceta en Madrid y mojitos en cualquier sitio salvo en Cuba, que te dan ron Liberación, ese que hace que las neuronas se vayan en balsa hacia la nada (Varadero no es que sea una maravilla, pero al menos recuerdas cómo te llamabas al día siguiente).
Domingo: langosta en Cuba con arroz criollo a la hora de comer, paseo y dolor de piernas y a las seis más mojitos para intentar olvidar que esto ya no ye lo que era, que parece que ellos mismos quisieran cargarse su fiesta, que llevamos años dejándonos la pasta en “El partido” y que toooodos los años prometemos que nunca más volveremos, y todos los años incumplimos lo dicho. No sé, chicos, yo he percibido cierto tonillo de desgaste, de sálvese quién pueda, de esto se acaba, y, en el fondo, me ha dado penilla. Cuando una empieza a poner en duda todo lo que hacen “los suyos” (llevo años así, de todos modos), cuando todos los bastones se van a tomar por culo (excepto el del Doctor House), cuando el carnet de identidad caduca cada vez antes, en definitiva, cuando te haces por fín mayor y piensas que, al menos, te quedan algunas fiestas, pero éstas empiezan a aburrirte… ¿qué carajo te queda? Lo pienso y os lo digo.