El mundo real

Ayer pasé la tarde en un centro comercial. Sí, se me olvidó tomar la medicación y me personé a eso de las siete de la tarde en el centro comercial Príncipe Pío, muy cómodo, pues puedes ir en metro de Madrid informa de que y está a tan sólo cuarto de hora de mi casa. La razón por la que acudimos a dicho antro cultural fue la de videar la última del Potter (ya saben que Madame es fan del mago de la cicatriz, ha devorado (otra vez) los libros de la Rowling y consume las pelis con fruicción).

Nada más llegar al centro, nos dimos un paseo por sus tiendas. Esta sí, esta no. Parecíamos Chimo Bayo, oiga (¡ju ja!). La gente grita mucho. Los niños corretean sin bozal…y muerden. Las parejitas cargadas con bolsas del Berska se toman una hamburguesa en los sitios de comida basura. Los restaurantes con mejor pinta están vacíos, y eso que no son caros (una merluza en salsa con no se qué con trigueros y reducción de aceto de módena del Mercadona estaba a nueve euros) pero no nos da tiempo a cenar en ocndiciones. A las nueve, hartos de patear, nos disponemos a tomar un refrigerio y una cerveza en vaso de plástico. La mini pizza tiene cierto aspecto acartonado y notas cómo cae lentamente hasta depositarse en el estómago cual mojama al sol. Las colas de los cines se van llenando. Nos tememos lo peor.

A las diez menos veinte no nos dejan entrar en la sala. A las diez menos cuarto no nos dejan entrar en la sala. A menos siete minutos abren las puertas del macro super mega cine con asientos cómodos, aire acondicionado, sensuround, dolby stereo y bla, bla, bla. Entramos…¡bien! Sólo somos seis. hemos acertado. Ha merecido la pena. Vamos a ver al sr Potter como Dios. Las diez menos tres minutos. Entran unas cinco personas. Bueno, no importa, no van a ponerse aquí, a mi lado, el cine es amplio. Los esquivamos. A las diez en punto entran otras ocho. Se van colocando en otras filas. Traen palomitas y el menú cine (salchicas, palomitas, refresco: 14 euros). A las diez y diez sigue entrando peña. De momento nos salvamos, salvo porque la de detrás ingiere las palomitas duras, esas que no sabes donde tirar, esas que hacen un ruido del copón. A las diez y media entran seis chavales armando una bulla del carajo. Se sientan en mi fila. Los miro mal. ¿En este cine no cierran las puertas a las diez? No, hija, eso sólo lo hacen en los cines donde ponen pelis de Bergman (RIP). Cuchichean. Los miro mal. Se pasan las palomitas. Los miro mal. Se ríen a carcajadas en las escenas más inverosímiles. Los miro mal. Al final de la peli parezco Ojo Loco Moody, un ojo en la pantalla, otro en los adolescentes de yermo cerebro.

La peli bien, gracias (si no sabéis de qué va la historia, no la veais, please. No sus vais a enterar de nothing). La gente real, la que pasa tardes en los centros cult…comerciales, la que se pierde media hora de peli sin inmutarse, la que cena palomitas de a medio kilo, la que persigue la última gota de la Pepsi con la pajita hasta que la alcanza, o no, esa gente: mal. Sí, podré ser una snob, pero tengo derecho a ver pelis comerciales sin que las hormonas de los demás me ataquen. Me resisto a aislarme en las filmotecas, reivindico mi derecho a pasear por los centros comerciales sin que los niños me muerdan.  El mundo real, el de ahí afuera, el que dice “de que” sin rubor, el que exclama “cosa de que le dije que no hiciera”, el que suelta a sus crías sin correa para, cual zombies en miniatura, te arrojen el helado de chocolate en la cara, el que se levanta a las siete de la mañana para pillar sitio en Cullera, el que se chupa un atasco de dos días, el que se cuela en el Día… ese mundo real me da miedo, mucho más que Voldemort, donde va a parar.



El piropo más bonito

Siento y lamento, a la vez, que no es lo mismo, pero es igual, teneros tan abandonados, hijos míos de mis entretelas, pero unas bajadas de tensión dignas de las admiradoras de la Macarena me tienen la neurona vaga y distraída, lo cual no es tampoco para llevarse sorpresas, dado su habitual carácter vago, perezoso y más próximo a Zahara de los Atunes que a una fábrica alemana (o china, pero ilegal).

La semana pasada anduve de canturreos por una zona residencial próxima a Segovia (hermosa tierra, pero plagiadora de cochinillos ajenos: el cochinillo es típico de Arévalo y Cándido era un copión. Y digo era porque tengo entendido que falleció, hace ya, al igual que Bergman, autor de entretenidísimas obras como Fanny y Alexander). To the grain (al grano): el concierto destinado a un público infantil tuvo adeptos entre la mediana edad, incluso la tercera, no así entre la niñez, pues querubes casi ni había. Uno de los mozalbetes, entusiasmado ante tanto arte y saber hacer (risotada), exclamó con lágrimas en los ojos: ¡Rosa León ha muerto! Después de abandonar el estupor que nos sobrecogió y de descubrir que la cosa no era literal, es decir, que Rosa continúa viviendo en la SGAE, le agradecimos las muestras de apoyo con un bailoteo a lo Pantoja que termino de enardecer al escaso, pero próximo, público asistente al regalo que el Ayuntamiento les hace en forma de concierto gratuito. Fue tan bonito el piropo que cuando veo a Rosa en los ajados vinilos de Paterno no pudo evitar hacerle un molinete, cosa, fea, sí, pero gratificante.

Y eso ha sido todo. Por lo demás agradecer las muestras cibernéticas de apoyo ante la, ya lo se, poca asistencia pero selecta, que acudirá a comprobar que el aire acondicionado del Galileo funciona bien, pero sin helar (que es lo que los madrileños buscamos, sin encontrar, en nuestros múltiples centros comerciales y metro de Madrid vuela). Rosita, hija, se siente.



Y llega Agosto

El domingo enterramos a un hombre bueno y volvimos a prometernos que nos íbamos a beber la vida. Más mentiras para llenar el saco de la excusas. Pero, bueno, los lugares comunes son lo que tienen. Auque también hubo muchos abrazos sinceros y eso es lo que nos queda. Eso y un buen catarrazo.

Hoy me voy a cantar a Segovia con el grupo infantil con el que colaboro desde hace cinco años. No, infantil es el público, aunque lo cierto es que en los pueblos casi no hay chavalería, pero a los más mayores se les escapa alguna lagrimita, no se si sincera o es que se les ha metido polvo en el ojo. Sea como sea nos vamos a Segovia. Yupi.

Tengo trabajo atrasado y no soy capaz de sacarlo adelante. Lo haré, vaya, por la cuenta que me trae. A veces la inspiración es lo de menos. Cuando no sale…sale. Me hago una cesárea mental y sacamos a la criatura por otro sitio. A veces los niños están más guapos cuando nacen por cesárea que por la vagina. Nacer por la vagina es traumático para el niño. Los niños no deberían nacer así…¡qué estrecho! Bueno, los pisos son pequeños, así se van acostumbrando.

Ayer llamó a mi puerta un Testigo de Jehová. Tienen una fiestecita en Madrid este fín de semana y necesitan que alguien lleve las Coca Colas de la fe (la ciega). Van con cartelitos y meten propaganda en los buzones. A mí ya me han trasfundido, gracias, no puedo ser de los vuestros y, además, tengo un catarrazo, no quiero poner en peligro la vida de vuestros hijos más de lo que ya lo haceis vosotros. No los soporto, no soy tolerante con ellos. No les abro la puerta. Rompo su propaganda. Si Dios existiera me caería muy mal.

El día 15 de agosto actúo con Guitarrista en Galileo. El 15 de agosto es un día fantástico para irse al campo o tocarse las gónadas en casa. Bueno, así cabremos. El Galileo será una vagina enorme y confortable. Y nos ahorramos la reverb. ¡Viva el eco! Nos dan el 15 porque a Antonio Vega le viene mal: ese día hay fiesta en los suburbios. Allí estaremos, sentados en la puerta, recibiendo a los amigos y asegurándonos de que paguen su entrada. Maldito/bendito dinero. Siempre nace por cesárea, por eso es tan guapo. Por eso es tan feo. Y a la música que le den por el culo.

Agosto ya está aquí. Esto no para, señores.



Muchas cosas malas suceden en verano

Si los alimentos han de ser conservados en el frigo para que no se pudran, ¿qué de bueno puede tener asarse de calor, ponerse moreno y esas cosas que hacemos los humanos cuando llega el mes de junio? Mi vida suele cambiar en verano: me ocurre que me quedo sin colaboraciones (entran los becarios), tengo tiempo y no dinero para irme a ningún lado, la peña se va y Madrid está literalmente solo para tí y el pringao de turno, Guitarrista no para de viajar, en mi casa se desconoce el término “aire acondicionado”, las reglas son aún peores, si cabe, me salen granos detrás del cuello debidos ellos a las altas temperaturas que consigue alcanzar el techo de mi hogar… Pero este veranito pinta aún peor, sí, se puede. No me apetece mucho ni postear ni contestar. Tengo unas amigas en serios apuros y no puedo hacer nada, sólo esperar. Suelo ironizar con lo mío, pero con esto como que no, y como no quiero renunciar al cabreo cotidiano con su consiguiente coña marinera prefiero dejar esto en un “continuará”… que se prolongará por unos días, al menos, esta semana. Sean felices en su mundo de soles. A mí me ha gustado siempre más la luna.



Cine Cinete (que diría Pepín Tre)

Ayer ví cincuenta y siete minutos de Piratas del caribe III: en el fín del mundo. Lo sé porque mi DVD marcaba cincuenta y siete segundos, aunque podría saberlo por haberlos contado, pues desprendí la vista de la pantalla unas cincuenta y siete veces (a vez por minuto, a grosso modo). El porqué de que estuviera viendo una peli en mi DVD estando ella en las salas de cine es algo que tendréis que preguntarle a Guitarrista y a un señor que se encontró por la calle. La mula no tuvo nada que ver esta vez.

Total: o el hecho de que esté menstruando me hizo no entender lo que allí acontecía o la peli de aventuras tiene de las mismas lo que yo de Guardia Civil (salvo cuando no me depilo el bigote. Bueno, no vale, porque entonces parezco Pancho Villa). La historia, hasta lo que yo sé y no les destripo nada pues me quedaron dos horas más de metraje, kilometraje en este caso, es que la tipa se convierte, de la noche a la mañana, en una perfecta espadachina anoréxica (Keira: ¡come!) aliada de Barbossa (Geofrey: ¿andas tan mal de curro, nene?) y del insufrible William Turner, alias el elfo inexpresivo. Ellos y la tripulación del Perla Negra, que no se sabe muy bien por donde anda, se enfrentan al mismo chino de siempre que sale en todas las pelis (y mira que hay chinos. Pues no: el mismo) y van en busca de Jack Sparrow que anda en el reino de Dalí/Buñuel acompañado de mil agentes Smith, pero con su jeto (el de Sparrow). Cuando lo encuentran han de salir de dicho reino así que se produce la única escena que me llamó la atención antes de planchar la oreja. Luego se reúnen con el chino, que, creo, es aliado de los ingleses, que quieren evitar una macro reunión pirata (no confundir con hackers) para conseguir el corazón del pirata con cara de calamar o pulpo mimético, que permanece al lado de los ingleses no se sabe muy bien por qué. Luego hay una moneda que no vale para pillar birra y unos muertos flotando que han sacado, sin duda, del Señor de los Anillos (debían ser los mismos extras, los pobres, que no se han podido desincrustar el maquillaje y han aprovechado. Creo que si se esperan dos años podrán salir en Harry Potter y el Príncipe Mestizo). A Jack Sparrow le salen más Sparrows de las orejas y las trenzas y ya estaba a punto de gritar (él. Yo también): ¡Gollum, Gollum!, cuando dije interiormente: ¡basta! y me fuí al sobre.

Cómo estirar un chicle que ya masticamos con deleite durante la primera peli, que ya sabía a sobao en la segunda y que en esta ha adquirido el gusto de la nada. ¡Ahórrense la cuarta parte: la única que molaba era la de la Bola de Cristal!



¿Yo soy la Juani?

Buenas y tardes noches (es que son las dos y veinte). Ayer invité a unos amigos a cenar, hoy he invitado a una amiga a cenar. Sí, soy verde, soy una rana mohoxidá (vocablo gaditano) con pocas perspectivas de salir a bailar. Soy la bajada de tensión personificada, soy una piltrafa humana en busca de una aspirina. Más no hay. Sólo poseo Ibuprofeno 600 y no he de abusar, que lo del lumbago se está convirtiendo en un amago de la Barranquilla y a mí Antonio Vega me da repelús. De siempre.

Hoy me he tuneao una camiseta. Se me destiñó y no he sido capaz de tirarla. La he guardado, por eso dicen que tengo el síndrome de Diógenes, pero no es verdad, porque este señor vivía dentro de un barril y no tenía nada. Bueno, sí, tenía un farolillo, pero no eléctrico, que Edison no había nacido por entonces. Se están equivocando con lo de Diógenes, mira que se lo tengo dicho. Total, que ha venido mi amiga Marta (no confundir con Madame) y hemos tuneao cosas. Ella se ha hecho un marco con botones y un cartón, así, tipo Diógenes, y yo le he cosido botones y flores a la camiseta. ¡Qué risa! Hemos manipulado papel y hemos bebido cerveza. Y hemos tuneao nuestras vidas. Y nos hemos reído, qué coño, que somos como Diógenes: no tenemos nada y guardamos lo poco que tenemos. Como Diógenes. Y le he dicho a Marta que se quitara, que no me daba el sol, como Diógenes le dijo a Alejandro Magno, y qué risa.

Y se ha ido a las doce y media, porque tiene miedo de que los malos le quiten lo poco que tiene. Así que, puestos a tunear, he visto la peli de la Juani, pero creo que mis tuneos van por otro lado, aunque alguna vez  me sentí así. A ver, no asustarse, no me ha gustado, entre otras cosas, porque Bigas Luna me da mal rollito y porque la vida sexual del español medio y las tetas de la Juani me la pelan, al no ser yo lesbiana (¿Por qué no lo soy, señor?) y no gustarme Dani Martín, más que nada porque no le entiendo cuando habla y, menos, cuando canta ¿He dicho canta?), pero, durante un microsegundo, mis neuronas espejo se han reflejado en algo, no sé… Yo siempre quise ser actriz (desde los cuatro hasta los veinticuatro, que me cáse y comprobé que se puede actuar sin guión. Oh, qué mala) y nunca lo conseguí. Yo también soy de barrio, de Batán. Ser de allí dicen que imprime carácter. No sé, a mí el rollo de niña de barrio nunca me ha ido, tampoco el de señorita de centro, pero lo cierto es que sin gustarme la peli, de repente me he ido a otro tiempo, cuando era una adolescente de cole de monjas de barrio, cuando me reía con Medio Rubia de gilipolleces, cuando no había Dios que me aguantara, cuando me olían los pies y me pintaba en el ascensor. Pero, vaya, eso es porque hace mucho que no salgo a bailar. Debe ser que conozco a Marta desde hace mucho tiempo y siempre recordamos. Debe ser que todo el mundo anda preparando sus vacaciones. Debe ser que un día tuve un sueño y ahora tuneo camisetas. O debe ser que he bebido demasiada cerveza y he manipulado demasiado papel. No, no soy la Juani, pero un dia tuve un sueño, como Luther King, sólo que aún sigo viva. No soy tan importante como para que me maten. ¡Oh, qué suerte tengo!



A ESE GUARRO ANÓNIMO

Soy usuaria de metro de Madrid, una cosa que, para los de fuera, funciona talmente como el mismo orto, sí, el del culo concretamente. Metro de Madrid se avería y tarda un güevo en llegar justo a eso de las siete de la tarde, hora en la que muchos, necesitamos de sus servicios, bien por acabar de salir del curro, bien porque a las siete de la tarde las alcantarillas de Madrid están llenas de personas deseosas de desplazarse en esa cosa que, según la publicidad, vuela. Por los cojones.

Hoy tardó ocho minutos y el andén parecía una Rave londinense, sólo que la gente no tenía cara de colgada, sino de cansada. Me solidaricé con ella, con la gente, hasta que tuve que compartir un centímetro cúbico de aire con ella, con la gente. Esta mañana me duché, tranquilos, no me he vuelto loca, es que quiero ponerlos en antecedentes. esta mañana, decía, me duché, me puse una camiseta limpia y sudé en el metro, sudé en la ofi, sudé en la comida y sudé en la ofi. Salí de la ofi y seguía sudando. En Madrid hace ya un calor de cagalse, oígame, y se suda. Bien. Vale. Sudamos. Estamos vivos. Estupenda noticia. Esta mañana me puse desodorante después de ducharme (echárselo antes es una pérdida de desodorante, tiempo y dinero). No he vuelto a echármelo en todo el día, así que me sentía un poco mojada y pensé que lo mismo hasta olía mal. O yo me olía a mí misma mal. pero no: yo huelo a flores perfumadas del campo comparada con el tipo con el que he estado adosada durante diez minutos. Mi nariz en su espalda… su espalda, no su axila. Una mezcla de sudor, mis lágrimas, camiseta puesta durante tres días consecutivos, pelo de los huevos, grasaza del pelo de la testa, restaurante de menú, fluidos varios almacenados con amor durante días. No soy una señorita de Cambrigde pero pá mí que ese tío es un maleducado. Si le tienes alergia al agua, cabrón, no hace falta que lo demuestres, pedazo de hijo de la gran puta…¡Lávate, por misericordia! ¡No, so cerdo, no te has duchado esta mañana, ni siquiera te duchaste ayer, pedazo de guarro! ¡Llevas, por lo menos, tres días sin oler el jabón y sales a la calle! ¡Tu sí que eres un arma de destrucción masiva, so mamonazo! ¡Ahí te salga un herpes, por marrano!

Tener un blog desahoga un montón. Si es verdad que te pitan los oídos cuando hablan de tí debe haber ahora mismo un cerdo sordo por las calles de la Capital…¡GUARRO!



El estrabismo: qué malo es

Habréis notado, unos con alivio, otros con extrañeza, otros ni os habréis coscado, que esta semana no he actualizado. Hay un motivo para ello y procedo a narrároslo: Madame está picando encuestas para un estudio de la editorial con la que colabora hace ya diez añitos. Cuando digo picar no me estoy refiriendo a robar mecheros, sino a transcribir desde el papel al ordenador. Como quiera que el curro se desarrolla durante cinco horas, Madame llega a casa con riesgo de desprendimiento de córnea y lumbago (no, no ha cesado. Madame, como Aída, cree que es crónico) y ante la sola visión de su destartalado PC sale huyendo al salón y se pone Salsa Rosa o Dolce Vita o cualquier tele serie cuan más casposa much better. Durante mi estancia en la oficina no puedo conectarme, pues Madame es una trabajadora responsable (no como ustedes, que lo único que hacen en sus curros es actualizar sus blogs, que lo sé) así que mientras dure mi tarea encuestil habré de abandonarlos, aunque, siempre, les lleve, cual pesado fardo, en mi corazón.

En otro orden de cosas. Mis amigos de orujos están de vacaciones. En mi calle se puede aparcar (es para hacer fotos) y llevo todo el fín de semana apalancá en el hogar, formando un bulto perfecto en el sofá, un molde de mis abultadas formas, perlado de gotitas de sudor, ADN de mis entretelas. Mi vida últimamente es bastante aburrida, así que sólo puedo escribir cosas como: varón, 7 años, recibe la revista en el cole, le gusta la inforrmática, no, no tiene ordenador, pero le gusta la informática, su sección preferida son los videojuegos, no, no tiene Play, pero le gustan los videojuegos… Así que no les aburro más.

¿Dónde habré puesto la manta eléctrica?