Cosas mías

Tenía un rosal blanco y otro rojo

Y una sonrisa siempre desmedida

Tenía una canción, que era la suya

Y nunca a nadie dijo que tenía

Una carta de amor bajo un cerrojo.

Nunca supieron ellos, que la amaron,

Que con cada palabra les mentía:

Dijo “te quiero” y se lo dijo a otro,

Lavó sus manos y les abrió heridas

Les dio su luz y les cerró los ojos.

Tenía un rosal blanco y otro rojo

Una casa sin luces y sin puertas

    Y una carta de amor bajo un cerrojo.




Probando….

¡Cómo que no se pueden escribir mensajes en el blog! Mi ego se estremece, porque si ustedes no dan constancia de que leen será, para mí, como si no hubiera escrito. No, no mientan más: escribimos para que nos lean, y yo me he ido a las entrañas del blog, con las tiritas y las Indasec en la tecla, a ver qué acontecía… Y no he visto nada raro. Pero sé, porque tengo muchos años de averías varias, que no hace falta tocar ninguna tecla para que tu ordenador vaya como el país, véase como el culo. A ver si mañana la cosa se soluciona o lloraré y lloraré hasta inundar la habitación y provocar un cortocircuito… (qué desagradable, con lo cara que está la luz).