ITV
Este mes me toca pasar la ITV ginecológica. Sí, estamos llegando a un punto en el que no tengo secretos ni para ustedes ni para mi tocólogo (me encanta esta palabra. Define tan bien el proceso…). A saber: el martes que viene análisis de sangre. Ya estoy temblando. No me gusta que atraviesen mis venas, aunque no duela, aunque sea un momento, no me gusta que invadan mi torrente sanguíneo y menos me gusta tener que esperar los resultados, como en un exámen, sólo que aquí está en juego la salud, esa que ya sé anda revuelta. A las dos semanas tocará resultados (toma hierro, deja la cerveza, ¿sigues fumando?) y la orgía de manoseos varios (eco y cito. No, no es que cite, es lo de la citología) y los caretos (han crecido, uno es del PP y anda a broncas con el otro, que ha salido comunista). Lo que quiero escuchar es : vuelva dentro de seis meses. Eso significará que, aunque la carrocería esté algo abollada y el chasis del revés, tengo otros seis meses de chance antes de la temida segunda operación, de la que no me libro, ya lo sé. No me gustan los hospitales. Huelen a enfermo, a gasas esterilizadas y a listas de espera. La gente no se ríe mucho en los hospitales, no. Sólo la enfermera que acompaña a mi gine, que yo no sé si consume estupefacientes o está encantada de vernos la jeta, pero anda siempre como de cachondeo, como de tu estás enferma y yo no, y te pregunta por tus bolos, tus dolores menstruales con una alegría que pareciera que le interesan y todo. Curiosa enfermera, en serio. Voy a preguntarle cuál es su camello.