¿En qué consiste el consumo moderado de alcohol?

El sábado noche estuve en casa de unos amigos que se van de vacaciones a Pirineos (ya no se dice Los Pirineos ni La India. Ahora se dice Pirineos e India. Es importante que estén al día de sucesos linguísticos tan notables). Yo no voy a ir porque tengo curro, as usual, pero fuí porque pensé que una opinión alejada del suceso les vendría bien y porque soy un poco masoca, para qué nos vamos a engañar. Pues bien, en la reunión había una doctora, bastante discreta (luego entenderéis por qué) y a la sazón hermana de una amiga que también va a Pirineos (sin artículo). Todo iba bien hasta que los niveles de alcohol en sangre superaron a la propiamente dicha, y me estoy refiriendo a la sangre. Fue entonces cuando comenzamos a hablar de lo fresquita y saludable que es la cerveza, de lo estupendo que es que los médicos la recomienden, de lo hermoso que es que las monjitas reduzcan su colesterol ingiriendo pequeñas cantidades como ellas, pequeñas (¿habéis visto alguna vez a una monja que sobrepase el metro setenta?) y de lo increíble que es que todos estemos juntos, a pesar de beber tantos hectolitros de Mahou. Fue entonces cuando miramos a la doctora que, abstemia, esbozaba una ligera sonrisilla de “vais a morir jóvenes todos/as”.

Y es que, nos narró, no se debe beber una cerveza al día y menos dos, aunque sea verano. El consumo moderado nos habla de, aprox, un litro a la semana. Habida cuenta de que tres tercios son un litro nos invitó a calcular cuánto bebíamos en un año. No fue culpa suya, ¿eh?, es que le preguntamos, que es que somos gilipollas, a veces. Yo había leído en Año Cero o en algún libro de Iker que los doctores de la Seguridad Social habían dicho que una cerve al día era una manera cojonuda de evadirse de la realidad sin joderse demasiado los órganos sitos en las cavidades de nuestro cuerpo. De hecho, el otro día lo comentábamos Medio Rubia, Lostnilwen, el Hada y yo mientras pedíamos la penúltima, que, oye, que qué sana es la cebada. Doctora nos dijo que sí, pero que sin alcohol. Fue entonces cuando, al unísono, soltamos un “puajjj” que se debió escuchar hasta en Sebastopol. Yo le juré que había leído éso y que creía que lo tenía impreso (en el corazón) y Doctora dijo aquello de “vosotros veréis lo que bebéis, pero luego no os quejéis” mientras sonreía beatíficamente. Contraataqué entonces diciéndole que la Coca Cola era peor, que producía diabetes y no se cuántas chorradas más, mientras la cerveza se derramaba por las comisuras de mi bocaza. Bueno, vale, dijo su mirada, mientras su mente se arrepentía de haber acudido a esa velada de beodos.

Y yo os digo, queridos: ¿cuánto es para vosotros el consumo moderado de alcohol? ¿Algún médico enrrollado y algo piripi entre nuestras filas que nos alerte o anime a seguir con estas vidas de a cervecita diaria/dos en verano? ¿Albun dostor maguete que nos faque de efte entuertof? ¿Hip? ¡Queremos saber!



Pudiera acontecer…

Que mi ordenador petara por culpa del Norton Antivirus obtenido de manera bastante dudosa. Parece ser que cuando Norton te ficha, te jode, y eres incapaz de desinstalarlo. Por eso mi ordenador se apaga, de repente, o se me desenchufa de la red o me hace cosas feas a modo de dedo corazón elevándose de entre los demás. Mi pobre computadora es vetustilla, pero un señor ruso me puso el año pasado una fuente de alimentación novísima, me sacó casi 300 euros y me dijo que, a menos que me instalara el Norton, la máquina podría vivir unos cuantos años más en plenas facultades de memoria RAM (¿esa no era una marca láctica?), ROM y un montón de cosas que apunté, más he perdido. Mis conocimientos de informática son “a nivel usuario”, vamos, que no tengo ni puta idea de informática y cuando le pregunto a los expertos me dicen cosas que sólo entienden ellos y que saben, porque lo saben, que yo no. Así que si dejo de escribir es que estoy de entierro en algún punto limpio de mi comunidad.

En otro orden de acontecimientos: ayer conocí a una muchacha a la que llamaremos La Nietísima. No, no hablo de la tipa ésta que se casa mucho y nadie sabe para quién curra. Hablo de una chavala a la que conocí en un garito del madrileño barrio de Chueca (Lostnilwen, no fuí a los conciertos. Estuve cenando con unos familiares de Guitarrista venidos del mismísimo Cai y llegué para ver, digo, sufrir, a los Tony Maneros). Esta jovencita se acercó a Guitarrista porque lo conocía de bla, bla, bla…(hablaba a una velocidad vertiginosa) y le/me plantó en menos de dos microcentésimas de segundo que tenía un nombre artístico, que lo había tomado de su abuela, que fotografiaba, cantaba, escribía, reformaba muebles… (entendimos que ella, no su abuela). Todo ello sin formación previa y de manera muy aceptable. Nos explicó que improvisaba Jazz de una forma tan excepcional que todo el que la escuchaba quedaba cautivado por su voz y su saber hacer, y éso que ella, insistió, no había recibido ninguna formación vocal, y que ahora no cantaba porque no tenía tiempo (claro, con tantas habilidades…). Guitarrista, que es un guasón, le dijo que, probablemente, poseía un don. A mí me dio la risa, más intenté comportarme. Ella admitió que sí, que tenía un don y yo me la imaginé viendo muertos a todas horas y ayudándoles a cruzar al otro lado (“ve hacia la luz, Caroline”). Vamos, que no nos quedó claro si la abuela a la que había robado el apellido estaba viva o no, pero desde luego, si no lo estaba, ya habría atravesado el túnel ayudada por el don de su nieta, toda andaluza, toda habilidades ella. Nos sentamos en una mesa, aprovechando que Nietísima le estaría narrando sus habilidades a otro/a, nos tomamos la ronda y nos fuímos de allí, comentando lo mucho que se ama la gente y envidiando, un poco, el desparpajo de la artista roba apellidos que te suelta el sermón sin que puedas ni respirar. Si veis mi nombre por ahí, añadió al final de la huída, recordad que es mi nombre artístico, ¿vale?. Sí, hija, sí, tranquila, lo recordaremos. Al final no nos quedó claro si tenía abuela. Creemos que no.



La puerta

El patio de mi casa es particularmente de mi casero. Cuando llueve se moja, como los demás, y ello produce que el muro que sustenta la puerta no sustente más que a los pájaros que cada día me despiertan a eso de las cinco de la madrugada. Por todo ello, he llamado a un amigo de un amigo de un primo mío que pasaba, casualmente, por delante de mi puerta para que le echara un vistazo y me dijese si la cosa tenía arreglo o debía convertir mi patio en un hogar del jubilado (pase y vean, vetustos del barrio) sin puerta ni pájaros ni nada. A todo ésto, mi vecina, que también me mira mal, me la tiró con bala el otro día y me insinuó, más bien me arrojó, que me estaba cargando la parte de su muro, pero que no pasaba nada, ¿eh?, buen rollito, pero que, vaya, me estaba cargando la parte de su muro.

Así que llamé a Reformas Nacho y me dijo que me lamaba al día siguiente. Y el día sigueinte llegó, los pájaros me despertaron a las seis y veinticuatro y nadie llamó no ya a mi puerta, sino a mi teléfono. Y como quiera que soy muy educada esperé una semana por si Reformas Nacho estaba con lumbalgia. Y como quiera que Job me pareció siempre un soplapollas volví a llamar para interesarme por la salud y la madre de Reformas Nacho y éste me confesó que se le había olvidado, porque mi voz es muy común y no iba a pretender yo que a alguien se le quedase tan grabada como para llamarme cuando me había prometido que lo haría.

Así que el que hizo la obra del Escorial me llamó al día siguiente de mi última llamada para decirme que iría mañana (entiéndase mañana por ayer) y coge el tío y viene. Y no pone cara de… “imposible” sino que me tranquiliza y me dice que éso está chupao y que ya me mandará el presupuesto allá por 2009 (éso no lo dijo pero yo lo sé, lo sé, se lo ví en la cara). Tranquimazín, llamémosle así a partir de ahora, va a darme dos presus: uno para la obra ñapa, que, según él, durará dos días, y otro para la obra gorda, la reforma, vaya, que durará, según él, dos días.

Total, que cada vez que abro y cierro la puerta vigilo para que la vecina no salga, casualmente, a fumarse un piti y a contarme, siempre de buen rollo, que por culpa de los hierbajos de mi tejado se le ha calado la habitación del niño y que me estoy cargando la parte de su muro. Dice Tranquimazín que la culpa no es mía, que su puerta (la de mi vecina) es un cascajo también y que le pasará el presupuesto (a mi vecina) allá por el 2012. Orfidal ve negocio allá por donde va.

O sea que me veo los próximos meses (dos días) rodeada de rumanos (oye, que no tengo nada en contra, pero es que Reformas Nacho es super multicultural) picando muros, cortando el agua y la luz y haciendo pausas para la cervecita. Y, como no, a la vecina, de buen rollo, supervisando la obra mientras se fuma un piti. ¿Es o no es para tener lumbago?





Psicosomatizando la cosa

Tengo lumbago. Creo que es lumbago porque me duele la parte izquierda del lomo (póngame cuarto y mitad) y se me baja el dolor hacia la pierna, pinzándome tal vez el nervio ciático. Teniendo en cuenta que mi sacro ilíaco es distinto al del resto de la humanidad bien hechita por su paternos, me cuesta encontrar una postura donde no vea a San Pedro y al Fary que, por si no se han enterado, están muertos (en concreto uno de ellos no se sabe si existió. Sí, me refiero al Fary).

¿Que por qué no voy al médico? Porque por culpa de estos me hallo como me hallo. Y es que soy la reina del haztelapuñetarself. Es decir: somatizo cualquier chorrada sobre mí misma. Esto sería precioso si existiera otra vida. Quiero decir, que me ganaría el cielo cual mártir que se deja arrancar sus pechos en nombre del Señor, pero es que soy atea (ardiente) y no creo que vaya a solucionar nada auto flagelándome. Todas mis revisiones unidas a mi hipocondría me han proporcionado unos dolores de espaldas dignos de un remero de galeras. En el momento que me han dicho que todo es benigno me he relajado y mis tendones y demás materias lumbares han intentado recolocarse llevándose por delante vértebras, músculos y nervios. Es por ello que ha sido esto. Mi amiga Raquel me ha dicho que el médico va a recetarme unas indiciones. No sabe ella que el solo acercamiento auditivo a la palabra aguja dspierta en mí toda suerte de urticarias que no hacen sino afearme aún más y convertirme en firme candidata a Cambio Radical, extinto programa por otro lado, gracias a Alá.

Vamos, que me voy a meter Ibuprofeno 600 cual si se tratase de Vicodina. Sí, me voy a automedicar como el noventa por ciento de los ejpañoles. Y estoy de suerte porque si no fuera porque mis análisis de sangre parece que están bien, gracias, empezaria a perpetrar en mi mente una muerte lenta producida por algún órgano sito en la región lumbar. Yo soy así. Me hago la puñeta. No me quiero mucho yo. Y, claro, me lo somatizo todo. Y me salen granos. Y lumbalgia. Y se me pinza el ciático… ¿O era que se me piraba la pinza?



La Zeguridá Zociá

Antes de abordar tan peliagudo tema, decirles que el viaje al pueblo ha sido fastuoso. Me río de Ferrá Adriá cuando Materna se pone el delantal y agarra con amor los enseres (¡pedazo de tortilla, ensaladilla, carrillera…, Materna!). Paterno ha hecho gala de una amabilidad que nos ha reconciliado del todo. Y los dos se han asombrado de la capacidad deglutoria de los señoritos de ciudad, incluidos alcoholes variados. Hemos jugado al ping pong (yo sólo lo he intentado, aunque mi saque ha causado admiración por lo inusual), hemos montado en bici, hemos jugado con los gatines (a falta de vaques), hemos dormido en el suelo (mis lumbares son lo más parecido a una vetusta alpargata), hemos cantado espirituales (y los hemos ingerido)… En fín. Nos hemos renovado por dentro y por fuera, como José Coronado.

Pero había que volver y visitar al ginecólogo, ese señor al que veo dos veces al año y que me da mucho miedito. Primero me ha violado consentidamente una chica con tan mala suerte para mí que se ha acabado el papel de la máquina de ecos y me ha tenido empalada un ratillo mientras lo cambiaba (con una mano lo manipulaba y con la otra… Entendéis el termino empalar, ¿verdad?), mientras volvía a soltar toda serie de “hum…vaya… Uy… ¿sangras mucho?… No sé, no sé…” y me ha despedido, de nuevo, sin un besito o una caricia cómplice.

Vale. Ya tenemos la eco. Mis pequeños han crecido unos milímetros porque mamá les cuida mucho, ¿verdad, pequeños hijos de perra? Éso lo sé porque lo he leído en el papelito y también me he enterado de que mi útero descama y está en retroversión, creo. Mis ovarios, bien, gracias. Total, que me he dirigido a la consulta del gine con las instantáneas y el diagnóstico. Allí había más mujeres con las fotos de sus úteros grapadas a los papeles donde te cuentan que tu útero es miomatoso o no, o está retraído, el pobre. Sólo llevaban una hora de retraso, así que he hablado con la enfermera que toma drogas de reirse y me he ido con Guitarrista a dar un paseo. pero como quiera que pasear por un hospital es inquietante, cuanto menos, hemos vuelto y pá mí que Enfermera me ha colado, porque los drogadictos nos reconocemos y hasta nos caemos bien.

Y allí estaba él, como siempre, con cara de aburrimiento, de a ver si cambiáis el rollo ya, de todas las mujeres sois iguales por dentro, de estoy hasta las pelotas de ver vaginas…Y como estaba hasta las pelotas me ha dicho que no me hacía la cito, que estaba con la regla (yo, no él) y con esa cosa tan ajquerosa no hace citos, que no y que no, y que no me pusiera burra, que no era nada personal, que no sólo es que la cosa en sí fuera ajquerosa, es que no se ve nada con la sangre. Y entonces me he acordado: vale, pues dame el resultado de los análisis. Cara de…¿qué? Que no los tiene, dice. Y ha mandado a Enfermera Sonrisas a buscarlos. Y se ha ido con ella, por si acaso. Y me han dejado sola, en la consulta llena de espéculos, sin fotos de familiares, oliendo a alcohol, esperando el resultado de los exámenes de Selectividad, mareada.

Enfermera ha vuelto. Que no me preocupe, que es que no hay papel (y van dos en una mañana), que me ha tocado cambio de barril y que me regala un anillo vaginal de recuerdo y por la espera. Guitarrista intranquilo y las mujeres sin silla y con fotos de sus úteros enfadadas (“vaya mierda de Seguridad Social” “A ésta que le están haciendo” “Llevo aquí desde las nueve”). Cara de Aburrimiento ha regresado con los papeles, les ha echado un vistazo ultra rápido y me ha dicho: everything is right. Alivio, mucho alivio. Enfermera sonriendo que es que se le va a descoyuntar la mandíbula un día. Y hemos quedado para dentro de un año repetir la misma escena (espero).

Así que sigo con mi vida: cervecita toda las noches y, de vez en cuando, bocata panceta. Pá mí que ni los ha mirado, pero no se lo tengo en cuenta.



Marcho pál pueblo

Que mañana me voy a pasar el fín de semana al pueblo, como ya os advertí. Que me reitero, vaya. Que me voy con unos amigos a disfrutar de las vaques. Bueno, vaques, vaques, lo que se conoce como vaques, no hay muchas, que las tierras de Castilla son amarillas y a las vaques les va más el verde asturiano. No sé si lo sabéis, y si no ya me encargo yo de decíroslo, pero paternos son de Nava de Arévalo, mis tíos y tías son de Nava de Arévalo, mis abuelos también y, probablemente, mis tatarabuelos también. Y todos se casaron entre ellos. Incluso alguno se casó con una vaque inmigrante, porque algunos miembros de mi familia, lejana, rumian y hace cosas como de vaque.

Miento: Abuelo es de un pueblo de Gredos. Creo que por ahí viene la oxigenación sanguínea y dice Paterno que los antepasados de Abuelo son maños, por eso Abuelo estaba enganchado a las jotas de joven (a las botas no sé. Las de vino, digo). Vamos, que somos casi todos de Nava de Arévalo.

Vuelvo a mentir. Materna nació a seis kilómetros de Arévalo y a otros seis de Nava de Arévalo. O sea, en medio. No en la carretera, sino en una casa forestal, pues Abuelo era guarda idem. Sí, creo que el resto ya sí es de Nava de Arévalo, por eso cuando voy por allí todo el mundo dice ser mi primo. Y me deprimo, porque no conozco a nadie. Y se me pasa la depresión a los dos minutos de conversación porque yo soy una señorita de ciudad y ellos no, y nos miramos raro, y no tenemos de qué hablar porque ellos no ven House, porque no llega la antena.

Nava de Arévalo es una aldea pequeña y, como todos son familia, no hay mucho de qué hablar. Pero, vamos, que yo no voy a Nava de Arévalo, voy a Palacios de Goda, que está a seis kilómetros de Arévalo y no sé a cuántos de Nava de Arévalo, proque se me desvía el mapa y ya no sé calcular. Palacios es más pequeño que Nava. Mis padres se han ido allí a vivir porque Arévalo, que es más grande que Nava y que Palacios les parece muy grande. Claro que Madrid es aún más grande que Arévalo y bien que se vinieron a buscar fortuna a la Capital.

Por eso yo no nací ni en Nava ni en Arévalo. Nací en Madrid y soy una señorita de ciudad, aunque con el RH algo endogenizado por la poca mezcla. Por eso, de vez en cuando, echo de menos las vaques que nunca ha habido por allí. En Ávila si hay vaques. En mis pueblos no. Es que a las vaques les gusta más el verde. Pero eso ya os lo había contado.



¿Quién es ese hombre?

Guitarrista me ha regalado el libro de Hugh Laurie. Para quién no lo sepa este hombre es el actor que interpreta a uno de mis personajes de ficción favoritos: el Doctor House. No me gustaría que me tocase uno así en una consulta rutinaria, y menos, ginecológica, que es capaz de dejarme el gélido chisme forever and ever, pero como lo nuestro es fantasear, he de confesar que no puedo ver la serie sin una palangana XXL size susceptible de rebosar a causa de mis babas.

Pues, el chavalote, encima, escribe. De momento llevo pocas páginas, unas treinta, pero ya se me ha escapado alguna que otra carcajada a las tres de la mañana, que es cuando leo al abrigo de mis sábanas (por cierto, he de cambiarlas, que aunque me gustan mullidas e impregnadas de mi olor, están empezando a caminar solas y puesto que se trata de sábanas y no de un bebé de diez meses, creo que ya es como para preocuparse). Laurie se ríe de las novelas negras. No les falta al respeto, pero las parodia con humor inglés, que es el que a mí me gusta.

Ya les contaré cuando lo acabe. Lo cierto es que me apetecía leer algo así. Por mi profesión, oh, qué bonito y qué profesional todo, he de encadenar palabras con sentido, lo que me dificulta el hecho de leer por las noches. Vamos, que estoy de palabritas hasta la olfativa. Paterno, que siempre veló porque la cultura impregnara nuestro hogar, bueno, el suyo (“cuando tengas tu casa harás lo que quieras. Mientras vivas aquí se hace lo que paterno ordene”) me obligó a leer “Amadís de Gaula” a los siete años. Que decía paterno que él la leyó a esa edad y le encantó. A los  diez atacamos “El Lazarillo de Tormes”, a los quince ya le había metido mano a Alonso Quijano (no confundir con los tres abominables de León, cafés incluidos) y a los diecisiete fue mi primer intento de irme de casa, agobiada con tanta cultura. Ahora leo lo que me peta y cuando me apetece.

Por cierto, le veo este finde (a paterno, no a Laurie. Si viese a Laurie estaría en la peluquería, manicura, esteticiene, masajista, psicólogo… A paterno no le importa que mi pelo ande descuidado). Bueno, y a Materna, que cocina que te mueres, como buena esposa de intelectual, en la sombra (pobre Materna. Es más lista que él. Siempre lo fue. Pasa mucho). Si me llevo el libro me mirará raro. No es que sea vizco, es que a mí me mira raro, en general. Ahora nos llevamos mejor, pero siempre flota en el ambiente la sensación de que no soy lo que él quería que fuese. Me encantaría que me explicara algún día qué demonios quería que fuese, a ver si lo voy a ser y seguimos mirándonos raro para nada.

Por cierto, el libro se llama “Una noche de perros”. Espero que no sea un presagio de lo que me espera en el pueblo.



ya soy mayor

Ayer, 12 , cumplí 34 años. Sí, se supone que soy invisible, que debería tener dos hijos, al menos, que debería tener un curro estable y un novio formal. Y resulta que mis turgencias se ven a cuatro leguas, tengo miomas, soy freelance y mi novio es de lo menos formal que me he echado a la face. No me agobian los cumpleaños, me agobia hablar de gilipolleces con la gente cuando te llama para felicitarte:

- Hola…¡felicidades!

- ¡Gracias! (nos vimos ayer)

- ¿Qué tal? ¿Qué tal tu día de días?

- Bien, como cualquier otro

- ¿No vas a hacer nada?

- ¿Nada? Bueno, intentaré hacer algo: currar, la cena…

- No, digo, en plan…cohetes, comerte cinco bolsas de ganchitos, escalar el himalaya, follar más de cinco horas seguidas…

-¿Por qué? ¿No voy a cumplir más?

Porque es la sensación que te da. Tienes que hacer puenting el día de tu cumple porque si no será un día más y no puede ser un día más porque tu naciste hace 34 años el 12 de junio y éso es super importante para la humanidad, porque eres la única que celebra su onomástica ese día, porque has de sentir algo especial… O mi madre, que igual tiene dolores de parto cada año el12 de junio y recuerda con horror mi nacimiento. Total, pá que la niña le salga como le ha salido. ¿Habéis pensado que para algunas madres recordar su parto debe ser horroroso? Y nosotros, ahí, todos los años celebrando la onomástica. Y lo mismo a las maternas no les hace ni puta gracia y es un trauma para ellas, joder. Y encima nos tienen que regalar algo, las pobres. O darnos en tutela de la Comunidad de Asturias. Es que no pensamos, coño.

Los años hay que cumplirlos con un suspiro de alivio, una sensación de “me he librado otra vez”, de “vamos, Rafa, a por otro” . Mola que la gente te regale cosas y eso, les invitas a cenar (como no lo celebro en condiciones estoy invitando por mi cumple hasta noviembre) y pasas un día pretendidamente especial, mientras tu madre se retuerce de dolores aprehendidos, con cara de gilipollas (tú, tu madre tiene bastante con pagar psicoanalista dos horas por semana) y con la sensación de que llevas todo el día pegada al teléfono diciéndoles absurdeces a los amigos con los que ayer hablabas de cosas interesantes.

Claro que, peor es que no se acuerden. Lo que hace la costumbre.

 

Dedicado a Emma, que los cumple mañana.



Derrotada estoy

No sólo por la tregua de ETA o porque me han soplado que en cierta emisora de radio están escribiendo ya las primeras entradillas del futuro atentado, no, estoy derrotada por cosas más banales, más prosaicas y relacionadas con el mundo de la uva y el lúpulo, eso que baja el colesterol (al menos a las sores). El viernes quedé con Lostnilwen, el Hada y Medio Rubia para charlar de lo divino y humano, al calor de unas birras. Como quiera que a la abuela de Medio Rubia le diera por irse de este mundo justo ese día, hubimos de brindar varias veces por todos los que no están, y como muchos ya se han ido yo, personalmente, regresé al hogar con una católica cogorza en tó lo alto. Y me dio por llorar, así que me abrí el último botellín y me semi desmayé. Guitarrista apareció dos horas más tarde, venía de currar, y volví a llorar, de la alegría, supongo, o tal vez fuera mi hígado, ya no protestón, sino que en plan sentimental me pedía una tregua y una negociación, pero como ya no quedan interlocutores válidos me temo va a tener que seguir filtrando a marchas forzadas lo que le ordene, mande y degluta.

El sábado nos fuimos lo que quedaba de nosotros a Vallekas a comer en cá el novio la Mari. Una mariscada, ná menos. Chupamos con deleite las gambas y demás viandas marinas, bebimos dos botellas de vino blanco, postre, y, aún no comprendo por qué, otra botella de tinto a destiempo (si es que el vino se puede beber alguna vez a destiempo). Guitarrista planchó tímpano, Diego lo siguió y a la Mari y a mí nos poseyó el espíritu de Guillermito Tell y nos pusimos a jugar a los dardos con una pasión propia de adolescentes (que es, por otro lado, lo que somos). Se vio baloncesto, se vio furgol (bueno, nos lo iban narrando mientras nos picábamos aún más y más con la maldita diana) y se visitaron las jornadas musicales en La Lavandería hasta que comencé a expeler charanga por los cuatro costados y después de caminar un rato nos pillamos un taxi pá casa que nos costó el mismo riñón (Guitarrista y yo sólo tenemos uno y lo compartimos, así que nos costó el mismo).

Total: tengo el brazo derecho como el de Nadal, me duele la espalda, no puedo ejercitar, ni siquiera puedo plantearme colocar, la mano derecha en posición dardo sin sentir que algo me cruje, me duele la cabeza (resaca se llama) y no he hecho el huevo, amigos, en tanto en cuanto a curro se refiere. Bueno, he visto ganar al del brazo y poco más. Ha sido intenso, así que mañana no me llaméis, que andaré poniéndome tiritas en la conciencia.