Esquizofrenia
Quiero ser mala. La gente mala tiene amigos, como la buena, y, como da miedito, la gente la respeta. A mi me toman por el pito de un sereno, normalmente. La gente que tiene mucho morro es mala, pero les suelen ir bien las cosas. La gente ambiciosa te acaba pisando o, como poco, tocando las pudendas. Pero la gente les respeta, no sé si porque la gente es idiota (Carlo M. Cipolla, de nuevo…Te amo) o porque quieren ser como ellos y se aproximan para aprender. Yo quiero ser mala, en serio, pero mi educación judeo cristiana no me lo permite porque la tengo tatuada en la parte izquierda del cerebro (creo). Yo soy pesada, algo alcahueta, borde, vehemente, injusta, a veces, con varias personalidades, un poco egoísta…Pero no soy mala, y eso me jode. Quiero serlo. Para no empatizar y no sufrir, para que no me tomen el pelo, para que no me salgan granos somatizantes de esos, para no hacer favores y quedarme tan ancha, para dormir como un tronco por las noches.
Sí, me van a decir que a las personas malas les pasa factura la vida y esas cosas. ¡Que no! ¡Que por no pasar factura ni siquiera invitan a una ronda! Que a la gente mala se la suda si la gente la quiere o no, necesitan a la gente y la tienen a su disposición. Que Dios no existe, camarada, que nadie nos va a premiar o a castigar. Que la gente mala no muere sola, que eso nos lo han metido en la cabeza para que seamos buenos. Que a la gente mala les va bien.
Mi pobre materna, que es buena, me dijo el otro día que ojalá yo fuera un poco mala, que ella sufría mucho, que le tomaban el pelo…Yo le mentí, le dije que recibía recompensas en forma de gente que la quiere porque es buena… Mentí a materna. La gente se aprovecha de ella, de su candidez. Gente mala subiendo a costa de gente buena. Yo quiero se mala. Como un demonio. Pero no puedo…¡Me dá la risa!