Cuando Edison nos juega malas pasadas

Estoy sola, otra vez. Parece una canción hortera pero es una verdad como un templo. Estar sola tiene sus ventajas. Una: que, en mi caso, sé que va a volver. Dos: que el ordenador (y el trabajo) me pertenecen. Tres: que puedo comer un sandwich y cuatro bolsas de patatas llenas de cosas venenosas. Cuatro: que puedo poner la música a todo volumen y los únicos que pueden decirme algo son los vecinos… y más cosas que ahora no se me ocurren. Pero también tiene cosas malas. Una: que se le echa de menos y Dos: que todo deja de funcionar cuando él se va. Sí parece otra canción de OT, pero pongamos otro templo en la narración como prueba de veracidad. Se me ha ido la luz en la planta superior de mi super casa encantada y alquilada. Oyes, ha sido cerrar la puerta y zas! A las cinco y media de la madrugá todo se ha vuelto más oscuro, si cabe. Resulta que ayer estuvimos de excursión por la cocina buscando la casita de las mortífagas esas que habitan conmigo y en estas, Guitarrista quitó no sé qué tubo de la lavadora al mismo tiempo que yo lavaba no sé qué chisme que había caído de no sé dónde. Resultado: inundación en la cocina y más humedad en el hogar (hay días que despertamos llenos de moho). Como soy del género tonto llevo toda la mañana levantando y bajando las clavijas esas del cuadro de luces como si nada. Por fín me he decidido a llamar a un electricista que me visitará mañana a eso de las doce (lo digo para que no llamen). Pero, claro, yo tenía hoy una cita con mi blog y con tres artículos y el ordenador me miraba con cara de no tengo corriente, qué quieres qué haga, así que me he informado bien y me he enterado de que un cable sin macho ni hembra y homologado por la CE cuesta unos 60 euros. Así que los he cogido, me he ido al chino y he comprado tres cables de cinco metros y uno de diez, con sus machos y sus hembras sin homologación que valga, y con los 40 que me han sobrado me he ido a Correos a recoger mi pedido anual de Yves Rocher, la belleza de las plantas, con lo que ahora huelo a Té Verde y mi ordenador se enciende. Eso sí, tengo que tener cuidado con no tropezar con mis veinte metros de cable esparcidos por el salón, subiendo en espiral por la escalera y arrastrándose por mi cuarto. ¡Ah, y no encontramos la casita de las hijas de puta esas, porque ya me han visitado dos y pá mí que cruzaban las patas a modo de corte de, en este caso, pata, no manga! Hoy no soy muy feliz, pero creo que ganaría el concurso de Supervivientes, porque sólo he tomado una tila y, aunque me duele la boca del estómago, sigo en pié. Voy a hacerme una pizza…¡Ah, no, coño, que no hay luz! No, no soy muy feliz hoy.