je, je, je… Por no llorar

Acabo de venir de videar a un grupo que hace versiones de los Beatles. En fín, no ha sido para llorar, pero las versiones iban en un tempo que nunca le correspondió al Hard Days Night, pero aún así se lo han currado y he bailado, lo cual me congratula, pues me siento más…¿suelta? El caso es que el garito en cuestión fue mi cárcel durante un año, ya que curré de camarera durante ese tiempo y hube de aguantar borrachos, cotorras y a los amigos de mi ex marido haciéndome la vida imposible. De vez en cuando, algún amigo, con toda su buena intención, me sacaba de la barra para que me cantase alguna cosa, lo que significaba que el resto de la noche me la pasaba diciéndole a toda índole de beodos que no, que no iba a cantar, que yo sólo era la camarera (los insultos posteriores se los ahorro, que no son horas). El caso es que hoy, dejándome llevar por la nostalgia se me ha ocurrido hablar con los nuevos dueños para pedirles un concierto, uno sólo, sin necesidad de pegar un salto de la barra, sin necesidad de aguantar soledades envueltas en brumas etílicas, sin patochadas y necedades (cuando una es camarera es blanco de estúpidos sin pundonor creedores o creyentes de saberse en la absoluta posesión de tu persona sólo porque les pones una copa). El dueño, un chaval experto en Mozart y tal, conocedor del panorama actual y del precio del gramo de farlopa me ha contado las condiciones. No me ha pedido maqueta, porque se debía fiar de mi mirada (debo tener ojos de cantar bien (¿?) y se ha fiado del curriculum de Guitarrista (ni se ha enmutado cuando le he mencionado a Serrat, Javier Ruibal, José Mercé… Y esa gentecilla con la que ha tocado. Perdonad si suena pedante, pero es que estoy hasta no voy a decir donde, que los niños andan por Internet como Perico por su Lar) y me ha soltado lacónicamente que se cobra una entrada de dos euros y que el músico, o sea, nos, paga al técnico de sonido la suma de sesenta euros, porque ellos ya ponen su mugriento local. Mis ojos de cantar bien se han tornado primero en ojos de…¿qué? y luego en ojos de te van a dar mucho por el culo, majo y me he ido con un “ejem”, digno de Dolores Jane Umbrigde (sólo para amantes de Potter). Después de soltar improperios por la boca delante de mis colegas (¡pobres!, aunque qué es un sábado sin improperios de Madame) les he dejado claro a todos los que habitaban el espacio vital que compartíamos que eso es una verguenza, que nadie debería pagar para tocar en un bar y que los que aceptan esas condiciones deberían recibir como recompensa un sarpullido en su mismo recto, orto o ano. Culo, vaya. El camarero me ha oído y creo se lo ha comentado al buitre de su amo, digo, jefe. Si yo mañana voy a vuestro curro y le digo a vuestro jefe que puedo hacer lo mismo que vosotros por la mitad no creo que volviéseis a pisar mi blog salvo para mentarme a la madre, y haríais bien. A ver si alguien se cosca de que los músicos, los de a pié, los que estudian, los que se lo curran o los que tienen la suerte de ser buenos por gracia de la naturaleza tienen la fea costumbre de comer, de lavarse el pelo y de vestirse. Yo no vivo de esto, malvivo de escribir necedades para quién tiene a bien pagémelas, por eso me puedo permitir el lujo, en nombre de los demás de decir, y va por algunos dueños de pretendidos garitos de música en directo… ¡Idos a tomar por culo! (Extremoduro también dixit).