Cotorras sin cerebro

Ayer acudí de nuevo a ver a Guitarrista y a Pianista en un bar de la hermosa localidad de Villaviciosa de Odón (lo de hermoso lo pongo en plan guía, porque lo cierto es que no ví nada del pueblo). Normalmente (y que nadie se ofenda… O sí. Sólo recojo una experiencia personal) los bolos en los pueblos (incluso en la capital) pero, en concreto, en los pueblos de Madrid suelen ser nefastos debido a la falta de curiosidad del público asistente. El jueves, Davidik y la Mari tuvimos la dudosa fortuna de ver cómo la gente paga dos euros más por cerveza para joderle la vida a los demás. Claro que, los muy imbéciles no saben que molestan porque sólo una persona inteligente se dá cuenta de cuando sobra (no, yo no soy inteligente, por ello sigo aquí). El caso es que varios anormales nos dieron el concierto. Y, por ello, les maldigo en voz baja.

 Pero estábamos en Villaviciosa, amigos, en un bar muy bonito estéticamente hablando y con un sonido escaso pero bueno (escaso porque no tenían sonido. Bueno porque el piano sonaba de la hostia y Guitarrista se llevó el gancheto equipo). Los dueños nos dijeron que iba a ser la bomba, que veréis qué bien (me lo dicen a mí porque siempre piensan que soy la manager y me invitan a cañas. Luego ven que canto y me las hacen pagar), que aquí la gente está muy motivada con la música en directo. El bar tiene dos partes: la barra y una acogedora sala con mesitas. ¡Qué bien, las mesitas están llenas! Y sí, se les vé motivados porque hablan y hablan…pero callarán en cuanto empiece el concierto. ¡Ah, no, que no han terminado! Bien, dejémosles el primer tema para que terminen de contarse sus cositas tan interesantes y divertidas, pues ríen como hienas, los hijos de puta. En el tercer tema Guitarrista, que posee la paciencia del increíble Hulk, y hace bien, les ruega con los ojos inyectados en sangre que, por favor, bajen la voz. Pues bien, la mesa más cotorra ni le mira y continúa hablando, así que Guitarrista les llama la atención personalmente, como en el cole, mientras las mesas escuchantes comienzan a aplaudir, apoyando el gesto. ¡Qué verguenza, y mira que poseo poca, me daría a mí que me llamaran la atención por cotorra! Los ojos vacuos miran alrededor sin entender el porqué de la charla…¿Acaso no es un bar? ¿Acaso no son ellos los músicos que amenizan las estupideces que se estaban contando? (lo digo porque les escuchábamos perfectamente y no, no hablaban de La tía Tula) y como no más hay sordo que el que no quiere oír y el idiota, según Carlo María Cipolla, va a más y niega su propia condición por desconocerla, continúan con sus, ya gritos, pues el dueño optó por subir el volumen. No fueron los únicos: tuvimos al borracho del pueblo, que calla porque duerme, y jalea lo que no ha escuchado, otra mesita de cotorras que aplaudían entre canción y canción y hablaban durante la misma… En fín, una panda de sillones de la Real Academia. Acabado ya el trabajo, que no concierto, nos enteramos sin sorpresa que la hiena mayor es el jefe de policía.

Y he aquí mi súplica: por favor, si a alguien no le gusta la música que se vaya a un bar sin música. Si alguien desea ponerse en casa la discografía completa de Bustamante…pues eso, que se quede en casa, cojones, que nosotros no tenemos la culpa de sus raras desviaciones. Y si a alguien le ofende terriblemente que los músicos hagan su trabajo que les tire cacahuetes, que se enfade, que abra un debate…pero después del concierto, por favor. Si alguien no pilla bien eso de que molesta que se lo haga mirar. Los demás intentaremos ir a conciertos en directo.



Animalicos de monte

No me habéis decepcionado en absoluto, panda animales. Hasta la dulce Ani ha dejado entrever, sin necesidad de luna llena, esa mujer loba que lleva dentro. Propongo una idea de programa, así por encima, y me salen las bestias pardas completando el tinglao. Os amo, sí, os amo. Bueno, a los catalanes los estimo, que una sabe idiomas (ya tal). A ver si deplegáis toda esa mala leche en las urnas, hijos míos.

Pues sí, ayer estuve en la presentación del nuevo trabajo de Clara Montes (Guitarrista aparece y desaparece de la formación cual Guadiana). Estuvo bien, aunque lo de cantar copla ya me está aturullando un poco. Soy fan de la Piquer, que no era franquista, era Piquerista, inaguantable y genial. La Montes monta el espectáculo basándose en vivencias bastante deprimentes, la verdad. Claro, que el CD se llama “Desgarrada” y no va de penetraciones anales precisamente. Luego me dice Guitarrista que en mis pretendidos monólogos graciosos sobre el escenario doy el coñazo. Pues sí, lo doy, pero creo que no deprimo, quizá despierte la verguenza ajena, como los telespectadores del Diario de Patricia, pero no he visto llorar a nadie. Bostezar sí, ¿ves? Bostezar me bostezan mucho. El caso es que acabas con una sensación de…”qué bien, pero, qué alivio”. No sé si me expreso con corrección. La historia es que, al acabar la presentación, Blanca y Radiante II (o sea, la Patty, que se nos casa en plan hippie en mayo. Por Dios, no os caséis más) y la menda se introdujeron en el cóctel de invitados y novios, novias de, en busca del canapé, ése en forma de pececillo que guarda en su lomo salmón, jamón… Ése que da en la SGAE con el dinero que roban… Sí, ése: el canapé por antonomasia. Pero no, sólo había Cava y fresas con chocolate. Muy fino, pero es que la Patty y yo somos de Aluche/Batán y las finuras como que no las captamos. Que teníamos hambre, vaya. Menos mal que Guitarrista y Bajista nos invitaron al camerino (guarras, que somos unas guarras) y no sé qué intenciones tendrían ellos, pero no puedieron expresarlas porque Blanca y Radiante II y yo nos arrojamos sobre los sandwiches de jamón y queso y de lomo y una cosa misteriosa que sabía a nada, pero crujía (pensamos que era patata, luego manzana… daba igual, se comió y punto). Al ratillo apareció Clara (qué guapa es esa muchacha) y Patty se marchó corriendo (desde aquí decirte, maja, que nadie echó en falta los sandwiches). Yo me quedé, saludé y me llevé el ramo de flowers de la artista, ya que se iba de viaje y no era plan de pasar el ramo por los scanners del AVE. Así, con la guitarra, el multi y el ramazo regresamos a Howargts, digo, a casa, después de aguantar a un taxista ahíto de Ruiz Gallardón. A ver si despliega toda esa mala leche en las urnas.



Aún sabiendo que el crucigrama es lo mejor…

Volviendo de clase de danza (por cierto: Medio I es mucho más difícil que Iniciación, y creo que no les estoy descubriendo América) con Medio Rubia, me cuenta que el domingo vió Cambio Radical y se quedó horrorizada (Blanca y Radiante no vé la tele porque madruga mucho, la pobre). Inmediatamente empecé a despotricar cual mula sobre el programa (le dediqué hasta un post, ¿recuerdan?) pero llegó un momento en el que reflexioné (puedo soltar palabras y pensar en otra cosa a la vez. Poseo ese don, por eso mis peroratas suelen ser ininteligibles) y llegué a la conclusión, así se lo expresé a Madio Rubia, de que hemos de tocar fondo para poder salir a la superficie. Por lo tanto propongo un reality basado en una peli de Johnny Depp y Marlon Brando, que no he visto (creo que se llama Dead Man). Al parecer Maroln le propone a Depp morir (o al revés…que no la he visto, leche) a cambio de que su familia tenga el futuro asegurado (si no es así, me corrigen… con cariño, por favor). Pues bien, cortapegando esa idea se me ocurre lo siguiente: se abandona a un montón de concursantes llenos de complejos y con ganas de quince minutos de fama (Warhol dixit), sin nada de comida, pero nada, nada, nada, y los telespectadores vamos observando su evolución hasta la muerte. El superviviente será ejecutado en la gran gala final, y su familia obtendrá la cuantía del premio. Si alguna de las familias restantes quiere optar al premio deberá sacrificar a uno de sus miembros (de 40 años pábajo, que si no palman todos los abuelos y eso sería hacer trampa) y se repartirá el dinero con la familia del ganador, ya fallecido en directo, para delicia de los telespectadores que jamás se quedarán viendo a Punset hasta las tres de la madrugá. Si lo hacemos, lo hacemos bien, que lo de las operaciones es un quiero y no puedo.

En otro orden de cosas y haciendo referencia al título del post (gracias Topo/Asfalto por tan clarividentes canciones) me desayuno con la noticia de que, oh horror, va a llover de nuevo. A los presentadores del Telediario les espanta que ello pueda deslucir la pestilente Feria de Abril. ¡Pobre nietísima, que se va a mojar el clavel, el rojo, rojo clavel! Pero, ¿no había sequía? ¿Por qué a la lluvia se la considera “mal tiempo”? ¿Somos gilipollas o qué? No, no contesten ahora: hagánlo después de la publicidad.



Abandonaditos

Así os tengo, pero no porque quiera, sino porque llevo semana y media sin parar de escribir, y lo que me apetece cuando consigo alejarme del bicho desde el que os escribo es comerme un bocata chopedd o ver una película titulada, por ejemplo, “Hija del mal” o “Perdidos en la pasión”, o sea, de las que te pones para dormirte pero acabas enganchada en un nonsense en forma de espiral de lloros e incestos. Mi último artículo, en el que anda metido, sin querer, también Davidik, al que braseo a menudo y al que debo ya varias cervezas (el día que te las pague no cojas el coche) es un auténtico coñazo (qué digo yo que quién se leerá mis artículos). No hay cosa que más odie que ser una periodista junta datos, con lo que me gusta a mí meter las narices literarias en cualquier asunto. Pero hete aquí que cometí el error de encasillarme estudiando una carrera y mis alas se encuentran en estos momentos pegadas por culpa de una mala decisión de la que, oh, no puedo escapar. Joder, qué gilipollez acabo de plasmar sobre la pantalla de 17 pulgadas. Pues eso, que os quiero a todos, pero como no me pasa nada últimamente digno de reseñar, salvo que he vomitado esta noche, que tuve una reunión de ocho horas, de las cuales cuatro fueron divagaciones personales, que Guitarrista me ha abandonado temporalmente por cuestiones de trabajo, que las cucarachas os envían recuerdos y que no acudí a la reunión de la secta por motivos laborales y porque yo, cuando me aburro tres días seguidos, soy un coñazo insondable que no tiene por qué sufrir nadie… Pues eso, que para escribir este post me hubiese comido un bocata chopped. Salud y república, majos.



Intensidad

Ayer por la mañana estuve en la exposición de Escher, invitada por Esperanza Aguirre, ya que, por lo visto, hemos superado “El reto del agua” y hemos ahorrado en duchas lo indecible… Ya notaba yo un extraño hedorcillo… ¡Ah, no, es que se nos ha estropeado el calentador tantas veces! El caso es fuimos y flipamos. El tipo no sólo dibujaba si no que grababa sus dibujos en piedra mediante varias técnicas que por mucho que me explicaran nunca entenderé. Me encantaría estar dentro de su coco (ahora ya no, ha fenecido) porque lo que él veía y mis delirios tremens tienen cierto parecido, en serio. Eso o que soy muy miope, pero muito, muito… Ya por la noche cometí el bendito error de pasar de House (había visto el capítulo tres veces ya) y videé el documental del juez Garzón sobre los desaparecidos en Argentina. En ese momento me hubiese gustado meter a cada uno de los hijos de la gran puta de los militares en cualquier dibujo de Escher, en especial los laberínticos que no llevan a ningún lado, y que se quedasen allí de por vida. O mejor, los introduzco a todos y les doy unas pistolitas, a ver si sedientos de sangre hacen los propio con las pelotas de cada uno. Hacía mucho que no había sentido tanto asco. No sé si habéis visto la peli “La noche de los lápices”. Pues bien, conocí hace años a uno de sus protagonistas reales, en concreto a Pablo, y lo que contó me dejó la bondad dañada de por vida. Cierto es que algunos grupos “revolucionarios” andaban, tipo ETA en los setenta, buscándosela y buscándonosla, pero Videla (ese genocida cabrón) aprovechó la mínima para cargarse a pretendidos rompedores de Patrias (¡Ay, qué miedito!) que sólo eran estudiantes, pero que cometieron la imprudencia de pensar distinto. Aprovecho este, mi espacio y el vuestro, para cagarme repetidamente y hasta el fín de los tiempos en todos los que apoyaron el golpe de Videla. Escher versus Videla. Porque la vida está llena de contrastes.



¡Qué gore es el cine!

Acabo de videar, pues la grabé ayer, La Pasión de Cristo según Braveheart. Sigo diciendo que me dá más miedo la procesión de los Cuidadores del Santo Sepulcro de la Virgen de las Madalenas, puesto que el film que tantos ríos de tinta ha provocado (pobres calamares) me parece como La Historia más grande jamás contada, pero más larga y tediosa. La cosa es lo de siempre: Judas (que siempre me cayó bien, habida cuenta de la papeleta que tenía el pobre) traiciona al que se cree el hijo de Dios (sois sabedores de mi ateismo beligerante) ante la mirada perpleja del pobre Pilatos (más tarde, Pilates: muy bueno para la espalda y aledaños) que se empeña, normal, en disuadir a los Arieles Sharones de la época, muy malvados y vestidos de ultraortodoxos rusos. A mí me dan la tanda latigazos de alprincipiolapeli y fenezco rapidito, no llego ni a la mitad de camino del Gólgota. A este Cristo le llueven hostias por to los laos. Le dan como XXXIII latigazos con pinchos, palos y hasta espumaderas. No hartos, le plantan la corona y le siguen dando patadas. El camino al Gólgota (larguísimo, oiga) es un cúmulo de escupitajos, más patadas, más latigazos, bofetones, collejas… Venga ya, así nunca podría haber dicho eso de “Pater, perdónalos” o “Pater, ya te vale la bromita, majo”. Claro, que todo está pagado si Mónica Belluci te llora a los pies de la cruz. Amo a ver: Barrabás se lo han robado a Passolini (que Dios le tenga en su grotesco mundo. El de Dios, digo), la mujer de Poncio parece Ligia, de Quo Vadis (por cierto, como había fútbol la han plantao por XXV vez en la 1), Jesucristo es un super hombre capaz de aguantar carros y carretas, San Juan ni se inmuta, la criatura, ante tanto horror y, por fín, el Rey de Reyes resucita como nuevo, limpito, arregladito, sin mácula ni heridas, pero, oh, con el hueco de los clavos en las manos. Que digo yo que si es el precursor de los macro piercings de las orejas, esos por donde cabe un Rotring (a mi amigo Juanma le cabe, lo juro). Vamos, que la peli es de ciencia ficción pero en Judea. ¿Realismo? ¿Gore? ¿Terror? ¿Desmayos? Este Mel Gibson no se ha dado una vuelta por la Semana Santa ejpañola… ¡Eso sí que da miedito!



Estupidez radical

Acabo de pasarme por la web de Antena Tres ya que ayer estuvimos hablando del programa “Cambio Radical” que emite esa casa. La cosa va de que una moza o mozo llenito de complejos se somete a aparatosas cirujias para no perder a su pareja, para ser aceptado socialmente, etc. Mira, que cada uno haga con sus complejos y con la audiencia lo que le salga del nardo, pero una operación conlleva un montón de riesgos que, al parecer, no aparecen contemplados en este aberrante formato televisivo. Una de las tipas desea operarse la nariz. Bien: le arrancan los piños, le operan la nariz y le colocan tetas, ya que las normas del programa te obligan a operarte de varias cosas, no sólo de las que te acomplejan. Por ejemplo: si yo quiero que me arreglen mis desviados piños, he de asumir que en el lote va un aumento de senos (con lo que no cabríamos en el planeta), una reducción de pandero, un retoque en la nariz y, no sé, una extirpación de bazo. ¡Venga, coño! Pues sí, amigos y amigas. Y digo yo: ¿por qué no les pagan un psicólogo y se ahorran los litros de anestesia? Y ahora ha salido a la luz que una de las posibles receptoras de una cama en un psiquiátrico fue al programa a operarse de miopía, pues sus cristales debían tener el tamaño de la que os escribe (10 dioptrías como 10 soles de agosto). A la chavala le pusieron tetas y dos operaciones más que mi mente asustada no recuerda. Como hubo complicaciones, tuvo que pasar tres días en la UCI sin que su familia supiera nada de la historia (les aislan durante dos meses, creo). La muchacha tiene más talla, pero sigue con sus gafas y el programa ha decidido no emitir el idem, ya que el marido de la nueva recauchutada les ha denunciado. Estos nuevos “Jesucristo, sáname” no saben que las operaciones de estética tienen caducidad, es decir, que dentro de unos añitos, en plan novia de Matzinger Z, tendrán que someterse a un “pechos fuera” como no hay dios. Que el botox se esfuma, que las lipos no funcionan si sigues con las Fontaneda… ¿Y quién paga eso? Pues, eso.

Flipo (de Macedonia, chiste para culturetas) con lo que está pasando en este país de tontos del culo llamado Ejpaña. Y no hablo sólo del PP, no. La cultura de la imagen impuesta está superando todos los límites. Tienes derecho a cambiar, dicen. No, majos, tienes derecho a una vivienda digna, a un salario decente… y a acceso a la cultura, esa que te proporciona más satisfacciones que una nariz igual al resto de narices operadas. Patético me parece este desmesurado culto al cuerpo. Queremos ser como el resto, no destacar, ansiamos que nos digan que somos los más guapos, aunque seamos los más imbéciles. De nuevo, me quiero bajar: yo, mi culo, mis piños, mis tetas y, sobre todo, mi desgastado cerebro. ¿Me lo pueden operar?



Ese vecino militar

Después de disfrutar de la generisísima compañía de los maños (¡A cascala!) retorno a Brishead (o como quiera Mahoma que se escriba) con alegría (vengo de La Latina de platicar con mis amigos con varias cervezas de más, cual debe ser). He de decir que la vuelta ha estado protagonizada, (sin patrocinio) por unos jinchos de mi barrio que se han mercao una mini moto de esas que están prohíbidas y que hacen mucho ruido, pero mucho, mucho, mucho. La poli, que sólo aparece al olor del hachís, pasa de ellos y de nos, con lo cual hemos de aguantar estoicamente al los tontos del pueblo de turno y a su puta moto, que no revienta ni pá Dios, ese al que sacan de procesión por estas fechas. No me gustan los militronchos pero echo de menos al viejo loco jubilado, con ansias de matar, que sale cual niña del exorcista y se lía a tiros con el molesto de turno. Yo saldría, entonces, en Madrid Directo y diría que los vecinos estábamos hartos del gilipollas fallecido, que vale, que no son maneras, pero es que el chaval era un coñazo y bla, bla, bla… No os podéis ni imaginar la matraca que da la puta moto… Que digo yo que el porro molesta a menos gente, que te coloca, que te vuelve pacífico, que te pones a la Janis, que te echas unas risas… Pero el tontotohaba de la moto no aporta, que es prescindible, que molesta, que el pobre imbécil goza molestando, que puede tirarse cinco horas calle arriba, calle abajo, que yo no puedo más. Ese militar vive en otras zonas más de posibles, no en la mía, que no me cae bien, que es un cabronazo… Pero hoy le he echado de menos.