De meneos

Pues parece que me duele menos el sacro ilíaco. Ayer hicimos lo que una bailarina jamás debe hacer: cenarnos una tosta de lomo en horza (no sé, en la pizarra tenía una hache, como Eva) y nos pimplamos una cañita antes de bailar, así podíamos echarle la culpa (sin hache, esta vez) de la falta de equilibrio a la ingesta. Encima, como llegamos temprano, conocimos por fín a la profa y se quedó con los nombres de Medio Rubia y Madame, así que aquí ya no se salva ni cristo. La profa se llama Pilar. Lo prefiero. Queda un poco ridículo eso de: estoy estudiando en la mejor academia de Madrid, o sea, con Samara, Suilma y Shanufla (Petra, Rosi y Pepa en su partida de nacimiento). Ésta no, esta se llama Pilar. Así me gusta, que de entrada no nos mientan. Me he enterado de que en tres meses pasamos de iniciación a intermedio (o algo así). Yo creo que me van a hacer repetir, pero Medio Rubia está convencida de que nos metamos en el intermedio ese y que sea lo que Alá nos depare. Claro, a Medio Rubia no le afecta el lomo en Horza pero Madame se come una lechuga y se le convierte en lípido. Como quiera que deseo acabar convirtiéndome en Zaida, me compré una mallas de rallas, de las de okupa, de las antiglobalización, pero las utilizaré para practicar en casa, ya que no me pegan nada con el pañuelo lila. Dado el problema de espacio tendré que aprender “volteretas de obstáculos” por el salón. Es decir: voltear sobre mí misma esquivando o saltando guitarras, atriles, una mesa y varias sillas. Lo mismo lo patento y me abro mi propia escuela: “Academia de baile con obstáculos Zaida”. Insisto en lo de que si encuentran mi sacro me lo devuelvan. Es raro que no me duela, pá mí que me lo dejé ayer en la academia. ¡Ay! Lo mismo lo utilizan para calzar una mesa…