Noche bastante buena
Bueno, ya pasó una de las noches más comprometidas de año. Estaréis todos con resaca, veréis un langostino y sentiréis ganitas de arrojar (¡qué fina!)… Y os queda la comida en casa de suegros, cuñados o, tal vez otra idem, en casa de paternos. Pues he de deciros que mi Nochebuena ha sido de lo más tranquila y consecuente, por primera vez en mi vida. Por asuntos familiares que no vienen al caso hemos acabado desperdigados todos por la geografía nacional: paternos en el pueblo sin ganas de fiesta, fraterno currando hoy en el hospital, miembros de la familia intentando hacer de este mundo un lugar peor… Al grano: cena de Nochebuena. Miembros: mi chico, fraterno y yo. El sueño de cualquier antisocial. Sin familiares de tío casado con hermana de madre, amigos de primos con borrachera incorporada, charlas políticas a gritos, comidas pantagruélicas… Cena: Cous Cous (¡qué navideño! ¡qué palestino, en el fondo!), canapeses de salmón (¡qué nórdico! ¡qué San Nicolasero!), botella de Marqués de Cáceres (¡qué extremeño!, ¡qué riojano!) y Cava (¡qué catalán! ¡qué anti pepero!), todo elaborado por la menda salvo los caldos. A la una, fraterno se pira, que trabaja y Madame se pimpla ella sola la botellita de Cava (¡qué resaca! ¡qué felicidad!). Por fín he tenido una Nochebuena consecuente y por primera vez he podido echar de menos a paternos que, consecuentes también, han mandado a la Navidad a tomar por el culo, que es el lugar que siempre le ha correspondido. Y, por vez primera también, habéis atendido mis súplica y me he ahorrado, y vosotros, una pasta gansa en mensajes estúpidos. Pero, tranquilos, materna me ha comprado langostinos y hoy nos los comemos: en algo coincidiremos con el resto del mundo occidental…¡No somos tan ácratas, joder!