Madame en el teatro
Ayer me invitaron al Teatro. No, no fuí a ninguna zona VIP: los asientos eran igual de incómodos para todos. La obra se llama “Afterplay” y está protagonizada por Blanca Portillo y Helio Pedregal. Lugar: la antigua cafetería del Teatro Español. Lo cierto es que de primeras (y digo de primeras) no me apetecía mucho ver una obra basada en dos personajes de Chejov. Digamos que tal y como está transcurriendo mi vida en estos momentos hubiera preferido videar Mamma Mía (sí, la desesperación es lo que tiene). Desde luego hay que vencer el miedo: ahora no me arrepiento de haber acudido porque fuí testigo de dos interpretaciones absolutamente maravillosas y un texto, denso, pero que no te deja impasible en absoluto. Por lo visto había que haberse leído “Tío Vania” y “Tres hermanas”, pero mi torpe neurona entiende Harry Potter y con algunas dudas. No soy intelectual, he de asumirlo de una vez por todas. De todos modos la obra es perfectamente entendible hasta por mí. Acabé llorando, fíjate, pero es que estoy como el del anuncio de la cucaracha que fenece antes los llorosos ojos de un actor mal pagado (seguro). No os destripo nada del texto porque se van de gira ahora y quién sabe si recalarán en vuestras autonomías.
Por eso os narro los aledaños: tuve la ocasión de ver a mi guapo, guapo, guapo, qué guapo es, Pere Ponce acompañado de la hija de los Alcántara, a Javier Cámara, a Ángeles Martín (ahora ya no sale en la tele, pero hace años estaba hasta en la Avecrem) y algún otro cuyo rostro me sonaba pero que no fuí capaz de ubicar. Estaban entre el público, ya que la obra consta sólo de los dos actores maravillosos antes mencionados. A punto estuve de decirle al señor Cámara que colocase su abrigo de una santa vez, pues estuvo varios minutos intentando acomodarlo en distintas partes de su anatomía, con el ruido pertinente, más no lo hice, que no quiero yo líos con famosos (no, no soy la materna del vástago de Alejandro). Ya conocéis mi fobia a los actos públicos donde se requiere silencio (véase cines). No quiero yo víctimas de mi exageración, por ello permanezco en casa. Pero ayer hice bien en ir, aunque salí desconcertada (que me desconcierto a la primera, también es verdad). Pues eso, amigos. ¡Ah, me constipé, Atchús! pero sé que fué la neurona, y es que a veces no se lo pongo tan fácil.
Pdata: Lo de Mamma Mía era una broma. Odio los musicales.