Tirante, el blanco: se la destripo y les hago un favor

Acabo de ver Tirante, el Blanco, una peli española, de Vicente Aranda, donde Victoria Abril ensecha pechos. Está basada en el libro homónimo (escrito por un homínido) y narra las aventuras de un paladín (un paladón es lo que usan los obreros en Madrid para abrir zanjas) que quiere desvirgar a la hija del rey de Constantinopla, en lucha contra los turcos. En la peli no se ve, pero cuarenta años más tarde ganarían los turcos, gracias a Dios, y se iría el imperio a tomar por la cimitarra. Bueno, empieza la cosa. Tirante es un tirillas. No da la talla de caballero ni de nada, la criatura. Es como un Carlos II de España, pero como más guiri. La doncella princesa es una actriz que se dobla a sí misma. No sabemos si Aranda ha perdido el oído o es su hija, ya que la muchacha actúa como en una obra del cole, profiriendo grititos ininteligibles y no por el castellano antiguo en el que hablan durante la perpetración de tan excelsa obra cinematográfica. El rey es Giancarlo Gianinni, rescatado de las garras de Lecter y con tan poco empaque que te da la risa floja. Porta en su cabeza djembés de lujo que cambia en cada escena que aparece. La ama mala es la Abril que, me repito, enseña cacha sin demasiados motivos (Victoria: te puedes insinuar vestida). Leonor Watling se salva por los pelos y a Ingrid Rubio le falta el chicle en la boca y dejar de imitar a Bebe en su locución. Las batallas son a cámara lenta, por si aún no te habías sobado y consisten en primeros planos de cabezas de caballos relinchando. La peli se desarrolla principalmente en las amplias dependencias de castillo. Las damas quieren que los jóvenes amantes copulen para que el patán, digo, el paladín, reine y mate al turco malo (que es, agárrense) Rafael Amargo, a punto siempre de hacerse un taconeo. La doncella que sí, pero que no, que me acaricies un pecho pero de meter nada. Total, que Tirante se cae y se rompe las dos piernas (por gilimemo) y ha de follarse a la dama agarrado por varias doncellas, dos operadores de cámara y un señor que pasaba por allí, mientras la dama grita de dolor con una credibilidad digna del Actor´s Studio. La princesa le dice a su padre que está embarazada a los dos minutos de la cópula (¡viva el Predictor medieval!) y que no se va con Amargo porque tiene una denuncia por malos tratos. Tirante se muere en la batalla (nadie le toca, lo juro) y la dama fenece dos meses después (de aburrimiento, supongo).

Le estoy haciendo un favor, créanme. Me lo agradecerán.