Yo busco

He notado de un tiempo a esta parte que tengo una gran habilidad que, de momento, no me reporta ningún salario ni me lo reportará, pero que hace que, a veces, me sienta orgullosa de ver series como CSI o House. Soy una gran buscadora con ayuda de buscadores. Me explico. Mi chico se va a un estudio de grabación sin cobertura. Me llaman al fijo: he de darle una información con urgencia. Datos con los que cuento: el estudio está en una calle de Madrid, creo saber la calle pero no estoy muy segura, y el curro ha salido a través del señor X. Necesito el fijo del estudio, si lo tuviera o tuviese, así que pongo en Google el nombre de Señor X, que no es el dueño ni el técnico, que es que me suena que se mencionó en la conversación entre mi mozo y el señor Z, o sea, el contratante. Me salen un montón de estudios en la calle donde creo está sito el susodicho idem. No me vale. Intento buscar la web del señor X, más no tiene. Una neurona me arroja un nombre, el del señor Z. Pongo: “estudio de grabación. La calle. Señor X y señor Z (sin apellido)”. Me sale un cantautor. Me meto en su página. Me voy a enlaces. Me sale un estudio. Me meto. Quizá sea. Pruebo por n vez a llamar al partenaire. El jodío, por fín, me coge el móvil. Me confirma que sí, que he dado con el estudio, que ya ha escuchado mi mensaje, que ya ha llamado y que le deje, que está grabando (he notado en su voz como cientos de bandurrias llamándome plasta). Cría cuervos. Pero lo he conseguido, otra vez, y estoy tan orgullosa de mis estúpidas gestiones que me voy a dedicar unas croquetas (o sea, que me voy a dar la paliza y me las voy a fabricar). Tengo un don absurdo… ¿Alguien quiere encontrar algo? De nada.



¡Los paraguayos cómo son!

“¿Las Navidades? ¡Uf, fatal! Se me va el servicio y no sé cómo lo voy a hacer. Tengo a unos paraguayos en casa y se van porque tienen a la abuela, o algo, enferma, así que muy mal. No me preguntes por las Navidades” ¿Qué ser oligofrénico se esconde detrás de estas palabras? Yo os lo digo, amigos: la hija del Caudillo, la mamá de Carmen Martínez Bordiú, esa señora que va a vender cosas al Rastrillo de la Casa de Campo mientras su vásataga baila y baila, ese ser repleto de solidaridad que sacrifica sus Navidades para que el servicio vaya a ver a la abuela a Paraguay. Para que luego os quejéis, so vándalos, de que no os llega el sueldo. Espe desolada porque no puede calentar sus altos techos, Doña Carmen resignada a tener las peores Navidades de su vida, Isabel Preyler jodida porque no puede reunir a sus tropocientos hijos en estas fechas tan señaladas, Anne Igartiburu pasando sus primeras Fiestas sin Igor… Y los iraquíes molestándonos con sus bombas… ¡Hagan menos ruido, carajo, que Leonor no puede conciliar el sueño! ¡Desaprensivos!



Tirante, el blanco: se la destripo y les hago un favor

Acabo de ver Tirante, el Blanco, una peli española, de Vicente Aranda, donde Victoria Abril ensecha pechos. Está basada en el libro homónimo (escrito por un homínido) y narra las aventuras de un paladín (un paladón es lo que usan los obreros en Madrid para abrir zanjas) que quiere desvirgar a la hija del rey de Constantinopla, en lucha contra los turcos. En la peli no se ve, pero cuarenta años más tarde ganarían los turcos, gracias a Dios, y se iría el imperio a tomar por la cimitarra. Bueno, empieza la cosa. Tirante es un tirillas. No da la talla de caballero ni de nada, la criatura. Es como un Carlos II de España, pero como más guiri. La doncella princesa es una actriz que se dobla a sí misma. No sabemos si Aranda ha perdido el oído o es su hija, ya que la muchacha actúa como en una obra del cole, profiriendo grititos ininteligibles y no por el castellano antiguo en el que hablan durante la perpetración de tan excelsa obra cinematográfica. El rey es Giancarlo Gianinni, rescatado de las garras de Lecter y con tan poco empaque que te da la risa floja. Porta en su cabeza djembés de lujo que cambia en cada escena que aparece. La ama mala es la Abril que, me repito, enseña cacha sin demasiados motivos (Victoria: te puedes insinuar vestida). Leonor Watling se salva por los pelos y a Ingrid Rubio le falta el chicle en la boca y dejar de imitar a Bebe en su locución. Las batallas son a cámara lenta, por si aún no te habías sobado y consisten en primeros planos de cabezas de caballos relinchando. La peli se desarrolla principalmente en las amplias dependencias de castillo. Las damas quieren que los jóvenes amantes copulen para que el patán, digo, el paladín, reine y mate al turco malo (que es, agárrense) Rafael Amargo, a punto siempre de hacerse un taconeo. La doncella que sí, pero que no, que me acaricies un pecho pero de meter nada. Total, que Tirante se cae y se rompe las dos piernas (por gilimemo) y ha de follarse a la dama agarrado por varias doncellas, dos operadores de cámara y un señor que pasaba por allí, mientras la dama grita de dolor con una credibilidad digna del Actor´s Studio. La princesa le dice a su padre que está embarazada a los dos minutos de la cópula (¡viva el Predictor medieval!) y que no se va con Amargo porque tiene una denuncia por malos tratos. Tirante se muere en la batalla (nadie le toca, lo juro) y la dama fenece dos meses después (de aburrimiento, supongo).

Le estoy haciendo un favor, créanme. Me lo agradecerán.



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Ayer noche me dispuse a ojear y hojear, pues hice las dos cosas, un periódico. Lo hago por la noche y no por la mañana porque, desgraciadamente, las noticias son similares y ya me he tragado los telediarios de Telemadrid, para echarme unas risas más que nada. En una de sus páginas veo un anuncio a toda idem en el que se explica que un periódico deportivo te regala una manta polar del Real Madrid de fútbol (el baloncesto también existe, pero menos). Pues bien, tres imágenes acompañan la invernal oferta: en una se ve a un chaval recién llegado de una manifa de AVT con su churri, tirados ambos encima de la manta en cuestión y leyendo la publicación deportiva. El muchacho viste una camiseta de manga corta del Real Madrid, por lo que podemos deducir que en su casa hay calefacción. En la siguiente instantánea aparecen los dos enamorados en una grada del, se presume, Bernabeu. Ella mira arrobada y arropada por la mantita a su churri, mientras éste, con la camiseta de manga corta de su equipo, observa el partido sin muestra del más mínimo frío. La tercera foto los enmarca en su casa, sentados en el sofá, arropados por la manta polar. Él continúa con la camiseta del Madrid. Ella, asfixiada, sigue arrobada. O ella tiene fatal la circulación o él tiene una calentura de tres pares de cojones (por no hablar de cómo debe oler esa camiseta… Bueno, no, que no suda, pues nunca se tapa con la manta dichosa).

Segundo anuncio: desayuna por las mañanas. Aparecen en la foto un montón de alimentos aptos y necesarios para el consumo infantil mañanero. Fruta, leche, zumo, pan, una alcachofa… Sí, una alcachofa. “¡Qué mala cara tienes, Herminia!”, “Sí, es que me levanto a las cinco y media de la madrugada para hervirle una alcachofa al niño, que ha dicho la Ministra que hay que desayunar mucho”.

¡Me-lo-llevo!



Manifiéstate, claro que sí

Hoy en Madrid estamos de suerte: otra manifa de las víctimas del Terrorismo… ¿De todas? Noooooooooo, de una parte que es más víctima y más todo que las demás. Todos los manifestantes son ejpañoles, por eso llevan banderas que les acreditan como tal (digo yo, ¿tendrán alguna duda de su procedencia y por eso van envueltos en la banderita? ¿tendrán frío o la utilizarán para protegerse de la lluvia?). Estos señores, víctimas todos, no como vosotros, rojos que sois unos rojos de mierda, van a la manifa porque no están de acuerdo con que se negocie con asesinos. Bien, vale. ¿Y qué proponen a cambio de esa no negociación?…………………………………………………… Acertásteis: que se vaya Zapatero y vuelva Aznar. Pero esas personas piensan por sí mismas, no os creáis. Son las mismas que piensan que las manzanas no se pueden juntar con las peras (a tomar por culo las macedonias), que los okupas deberían estar en la cárcel, que invadir un país está bien y, algunos, no todos, no me malinterpretéis, piensan que con Franco se vivía mejor sin darse cuenta de que alguno de los grupos terroristas, que lo son, nacieron a raíz de que Paco andaba haciendo de las suyas por estos lares. ¡Pena de muerte!, gritan, y se sienten satisfechos. Pero yo los entiendo y los justifico porque son víctimas, no como la Pilar Manjón esa, que quiere que la Espe le dé pelas… ¡Será pedigüeña, la tía! ¡Haber votado al PP, como las víctimas decentes de este país y no esa pandilla de rojos a los que asesinaron los moros en colaboración con ETA! Yo los entiendo y creo que piensan, claro que sí, de manera razonada y no dirigida. Mi pregunta dirigida a ellos es: ¿Podríais pensar más bajito? Gracias.



Conectados

Seis grados de separación es la teoría de que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios. La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera.

Lo he sacado de la wikipedia. Creo que nuestra historia de amor cibernética es más difícil de explicar que Perdidos y sus extraños números. La cosa está así: yo conozco en persona a Lamari, Ani y Corderetas (casualmente las tres últimas miembros), Norma contacta conmigo y se lo chiva a Cecil. Cecil abre un blog. David me conoce a través del blog de una colega. Más tarde, yo conozco a David y éste a Lamari que, por aquel entonces no tenía blog. A Ani la conozco por medio de una amiga sin blog. Conclusión: Norma es la Arquitecta. Yo soy Neo y Cecil es Trinity (sí, cambia de sexo con facilidad pasmosa). David es el que ha creado Matrix y el resto está perdido en una isla. Norma sabe lo que va a suceder y mueve los hilos desde Asturias. Yo me doy a la bebida (bueno, y Norma, pero esa es otra historia). La polaca y Tuli son “Los otros”, los de la isla (tienen información, pero no nos la quieren dar). Como Neo está beodo y Norma también… No puede ser, la teoría hace aguas… Ya está: el Arquitecto es Urbano, el hermano de Norma, de ahí su nombre. Corderetas vive en una isla (fascinante, ¿verdad?)… Sí, Urbano es el Hacedor. Cecil y Sobretodo aparecen y desaparecen, ¿por qué? Joder, ayer lo tenía claro, hoy, no tanto. ¿Alguna teoría? ¿La gallina? Tenéis todo el fín de semana. Hip.

Firmado: los guionistas de perdidos en busca de un final coherente.

 



Mover el vientre

Aún a riesgo de que parezca que voy a anunciar pastillas para visitar al señor Roca, titulo este post de aquesta manera y procedo a explicarme. A partir de enero me convierto por arte de 43 euros al mes en Odalisca o Hurí, sin dejar de ser Madame. Me he apuntado a clases de danza del vientre para mover algo que no se mi culo escaleras arriba, escaleras abajo, que es el único ejercicio que hago. Me regalaron un pañuelo de monedas sin curso legal y he decidido sacarle algo de provecho. He metido a mi querida y casadera Begoña en el fregao y se ha apuntado conmigo. Lo cierto es que me he llevado una pequeña decepción porque yo pensaba que nos iban a disfrazar de bellas huríes desde el primer momento y resulta que no, que te piden que vayas con mallas tipo Eva Nasarre y el pañuelín de marras, que se mueve te guste o no y que, me temo, es para despistar. Yo ya me veía envuelta en mil velos, agitando mis sobradas carnes al ritmo de Cheb Kaleb, sujetando un bastón o una bandeja, moviendo los abalorios de mis tobillos, con la cara llenita de bindis, teletransportándome a un mundo sin bombas en la cintura, a una Granada ancestral… Y no, debo llevar mallas y una camiseta vieja. Si yo lo entiendo, pero que me entiendan a mí: si quieren que baile como una Odalisca del amor, tengo que sentirme una Odalisca del amor y no una sexagenaria en una piscina del Love Boat (todo incluído). Pero es lo que hay y supongo que no debo correr más de lo necesario. Y es que me gusta la parafernalia que es una barbaridad. Repetid conmigo: “Soy una Odalisca del amor, soy una hurí del Edén… Pero prepárate la comida tú, rico”… No se puede tener todo.



Miserable

Un sueldo al mes, sin pagas extras: 8.395 euros

Gastos de representación: los paga el pueblo español

Hipoteca de la casa: 2.000 euros (en caso de que no esté ya cancelada)

Chófer: lo paga el pueblo español

Dietas: las paga el pueblo español

Vacaciones en Dubai: pagadas con las comisiones del AVE

Pamelas: ver gastos de representación

Maquillaje y peluquería: 3000 euros (sólo en Lourdes hacen milagros)

Casco y chaleco para visitar las obras: ver gastos de representación

<>Que la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid no llegue a fín de mes no tiene precio. Para todo lo demás: llora, roba, curra por las tardes o escribe un libro.

 



Queridos infantes: ésto es lo que hay

Hoy me he levantado a las seis de la mañana. A esa hora no hay nada, sólo silencio y bostezos. Me acosté a las once, dí vueltas hata las tres, me dormí a y cuarto y a las seis abrí un ojo, luego el otro y luego me desmayé. Aún así logré levantarme y, de manera metódica, me calenté un café y me lo introduje mediante un catéter por la vena del brazo derecho. No way, pero consuela. Los doctores afirman que la sustancia gris del cerebro consciente se activa a eso de las doce del mediodía (vale, me lo acabo de inventar, pero lo he convertido en mi lema vital). A las siete caminé hacia el metro. En las calles no hay nadie. Están todos abajo… ¿En la obra? Bueno, sí, en el metro. Una señora me hace una biopsia del páncreas con su dedo y un tío me introduce un boli en el ojo. Medio ciega, me dispongo a transbordar. Me empujan y me aplastan, me despeinan y me miran.No entiendo por qué no hay más criminalidad en Madrid. La gente llega así al curro… Yo mataría. La humanidad tiene salvación. Mi estación. Huelo a sudor y os juro que me acabo de duchar. Salgo del suburbano, yo, el sol no. El Astro Rey pasa.

Me han contratado en un acto conmemorativo de los Derechos del Niño y de la Niña . No canto ni bailo. Mi misión es vigilar que nadie salga herido. Hay unos trescientos pre adolescentes y sus hormonas revolotean por el teatro. Empieza el acto y se van calmando. Bajo a preparar cajas de regalos. Vuelvo a subir (es bueno para los glúteos y te mantiene despierta). Hay una pandillita porculeadora que no para de rajar. El resto parece que atienden. Bajo. Subo. Bajo. Los niños me llaman seño (no saben que me llamo Madame M). La juventud baila… Y es, entonces, cuando ella aparece. Ana, esposa de, madre y mujer trabajadora, política incansable en aras de las libertades, abuela joven y ejemplificante. Terso cutis, elegancia clásica, pelo que, por defecto y exceso, visita demasiado la pelu. Ana entre los niños. Ana oliendo el sudor de sus pequeños. Ana intentando no torcer la nariz. Ana abanicándose con el folleto de los derechos de los infantes. Ana a punto de desmayarse. Ana lee cosas institucionales y hace promesas electorales a los niños y niñas que la miran con una mezcla de “ésta me suena” y “¿cuándo se baila?” Un niño grita: “Viva la República, viva Zapatero” (verídico). Pobre, él que sabe. Ana termina y se va por donde ha venido, aunque más mareada. Hoy, 20 de noviembre, ha sido para ella un día duro: Franco ya no está, Jose María ya se ha ido… y los niños quieren acercarse a ella.



La espera

Ayer me dí cuenta de que me siento a esperar, no es que espere, sin más, es que me siento, físicamente, y espero. Había quedado con unos amigos en mi casa, o sea, habían quedado ellos conmigo, yo ya estaba (es alquilada, pero es mi hogar) y les preparé cena. Bueno, empecé a preparar las viandas a las seis, con lo que a las ocho ya estaba todo cocinado, fregado y empezando a enfriarse. Mis amigos venían a las nueve y a esa hora yo quería que todo estuviese preparado, así que encendí las velas a las nueve menos un minuto y me senté a esperar. A los cinco minutos de esperar, me encendí un cigarrillo, me lo terminé, me llamaron, me dijeron que se habían retrasado, seguí sentada y a los veinte minutos aparecieron. Estuve veinte minutos sentada, esperando. No sé, mis amigos se merecen que lo espere, nadie es tan puntual (salvo yo, que estoy enferma y debo tener a un señor inglés en la cabeza, tipo íncubo, pero con té). Lo que les quiero decir con ésto es que en esos veinte minutos podría haber hecho una vida normal, no sé, depilarme el entrecejo, leer una revista, encender la tele… Pero no, porque esos veinte minutos pertenecían a la cena con mis amigos y yo, que soy un poco imbécil no puede bajarme de esa burra. Nomalmente la gente cuando espera hace otras actividades. Yo no, yo sólo espero. ¿Cuánto tiempo llevaré esperando? ¡Uf, qué mareo!